Los restos del adolescente desaparecido en 1984 serán velados este viernes en Villa Urquiza y sepultados el sábado en Chacarita. La Justicia analiza si revoca el sobreseimiento del principal acusado, luego del hallazgo del cuerpo en la casa de un excompañero.
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La familia de Diego Fernández Lima, el joven desaparecido en 1984, podrá finalmente darle un último adiós tras más de cuatro décadas de incertidumbre. Los restos del adolescente, que desapareció a los 16 años, fueron restituidos esta semana luego de ser hallados en una vivienda perteneciente a un excompañero de escuela, lo que reactivó una compleja causa judicial.
El velatorio se realizará este viernes de 15 a 00 en la casa funeraria Nardi Sepelios, ubicada en Álvarez Thomas y Arizona, en el barrio porteño de Villa Urquiza. “Vamos a despedir, como se merece, a mi amado hermano Diego. Los esperamos”, expresó Javier Fernández Lima, hermano de la víctima. La ceremonia continuará el sábado con una caravana hacia el Cementerio de Chacarita, donde los restos serán inhumados.
Mientras la familia se prepara para la despedida, el caso atraviesa semanas decisivas. El fiscal Martín López Perrando apeló el sobreseimiento del principal señalado, Cristian Graf, excompañero de Fernández Lima y dueño de la casa donde se hallaron los restos en mayo de este año. El próximo 25 de noviembre se realizará una audiencia clave para determinar si el expediente continúa su curso.
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López Perrando, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°61, sostiene que el encubrimiento es un delito autónomo y que no puede declararse prescripto mientras no haya una imputación formal por el homicidio previo. Su presentación cuestiona la resolución del juez Alejandro Litvack, quien argumentó que, al estar prescripto el crimen de 1984, también debía considerarse prescripto el encubrimiento.
La apelación del Ministerio Público reconstruyó el caso a partir del hallazgo del 20 de mayo, cuando obreros que trabajaban en una casa contigua —ubicada en avenida Congreso— encontraron restos óseos que luego fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) como pertenecientes a Fernández Lima. Según el informe, el entierro original estaba dentro del predio del acusado.
La fiscalía destacó que nadie en la vivienda alertó a la policía y subrayó la actitud de indiferencia de Graf durante el hallazgo. Testigos señalaron incluso que el imputado había pedido a los obreros tener “especial cuidado” con una planta ubicada exactamente sobre la fosa.
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En su declaración, Graf afirmó no recordar a Fernández Lima ni a sus compañeros del colegio ENET N°36, donde ambos cursaron en 1983. Para los investigadores, esta postura es “inverosímil”, especialmente porque los testigos lo describieron como “nervioso” y consciente de que había restos enterrados en su propiedad.
El fiscal enumeró al menos tres explicaciones contradictorias que el imputado dio sobre el origen de los huesos: una tumba ligada a una iglesia, un antiguo establo o tierra traída por un camión. Todas fueron consideradas inconsistentes y reveladoras de un presunto conocimiento previo.
Para López Perrando, las pruebas indican que el cuerpo fue desmembrado y ocultado deliberadamente, y que el encubrimiento se prolongó por más de cuatro décadas, cesando recién cuando la fosa quedó expuesta durante la obra.
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En el tramo final del recurso, el fiscal alertó sobre el impacto del caso en la familia y cuestionó que la investigación pudiera cerrarse sin agotar las instancias judiciales. “A Diego Fernández lo volvimos a matar”, sostuvo, y pidió que se revoque el sobreseimiento para avanzar hacia un juicio oral. “Contamos con elementos suficientes para continuar con el proceso”.
Mientras la Justicia define si reactiva la acusación, la familia podrá despedir a Diego por primera vez desde su desaparición hace más de 40 años. Un duelo que llega tarde, pero que marca un punto de inflexión en la búsqueda de verdad.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


