Un estudio con más de 300 mil personas advirtió que los hábitos nocturnos se asocian a mayor riesgo cardiovascular, aunque influyen principalmente los estilos de vida.
Las personas con hábitos nocturnos, conocidas como “búhos nocturnos”, podrían presentar mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, según investigaciones recientes basadas en el seguimiento de más de 300 mil adultos. El análisis reveló que quienes suelen acostarse tarde muestran peores indicadores de salud cardíaca que los madrugadores.
El trabajo, realizado con datos del Biobanco del Reino Unido y evaluado mediante el índice “Life’s Essential 8” de la American Heart Association, determinó que los noctámbulos tienen un 16% más de probabilidad de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular en un período promedio de 14 años. En especial, las mujeres mostraron puntajes más bajos en salud cardiovascular.
El especialista en sueño Siener Kianelsi, vinculado al Hospital Brigham and Women’s y la Facultad de Medicina de Harvard, explicó que los cronotipos nocturnos suelen experimentar desajustes circadianos. Esto implica que su reloj biológico no coincide con el ciclo natural de luz y oscuridad ni con las rutinas sociales.
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El estudio detectó que quienes trasnochan presentan mayor frecuencia de tabaquismo, sueño insuficiente y hábitos alimentarios poco saludables. De hecho, el 79% de los noctámbulos tenía más probabilidades de registrar una puntuación cardiovascular considerada deficiente, especialmente por problemas relacionados con el descanso y el consumo de tabaco.
Sin embargo, los especialistas señalan que el riesgo no depende exclusivamente del horario en que una persona está activa. Según la investigadora Kristen Knutson, de la Universidad Northwestern, gran parte del impacto está asociado a conductas modificables. Mantener una buena alimentación, dormir adecuadamente y evitar el tabaco puede mejorar la salud cardiovascular, incluso en quienes tienen hábitos nocturnos.
Los investigadores concluyen que comprender el propio ritmo biológico y adoptar rutinas saludables acordes puede ayudar a reducir el riesgo a largo plazo. También plantean que tener en cuenta el cronotipo podría ser clave para diseñar estrategias de prevención y tratamientos más eficaces.
Fuente: WIRED.


