Máximo Tettamanzi, arquitecto egresado de la Universidad de Buenos Aires, desarrolló junto a Alyina Ahmed, arquitecta nacida en India y criada en Dubái, una mezcla que convierte la arena del desierto en un material de construcción viable y sustentable. Lo que empezó como una tesis de posgrado en Londres hoy factura entre seis y siete cifras anuales en dólares.
El punto de partida fue una paradoja: Emiratos Árabes Unidos es un territorio mayormente desértico, pero importa arena de Malasia e Indonesia para construir. La razón es técnica: la arena del desierto tiene partículas redondeadas por la erosión del viento que no se compactan correctamente en las mezclas. La arena fluvial importada, en cambio, tiene una forma irregular que permite que el concreto fragüe bien.
Ambos se conocieron gracias a una beca para cursar un máster en la Architectural Association School of Architecture de Londres, la misma universidad donde estudió Zaha Hadid. Con una inversión inicial de apenas 8.000 dólares obtenidos a través de subsidios, comenzaron a experimentar con aditivos para estabilizar la mezcla. Ninguna fórmula funcionaba hasta que llegó la pandemia.
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Durante el confinamiento, Alyina regresó a Dubái y convirtió el garage de su casa en un laboratorio improvisado. Probó con arena de su propio jardín hasta dar con la combinación correcta. El material resultante no solo era estable: también permitía reducir un 50% la cantidad de cemento necesaria, uno de los componentes más contaminantes de la industria.
En 2022 se sumó Alhaan Ahmed, hermano de Alyina, quien desarrolló un material a base de carozos de dátil tostados y molidos para crear superficies rígidas. Así nació ARDH Collective, cuyo nombre combina la palabra árabe ardh —tierra— con la idea de un colectivo dedicado a soluciones sustentables para la construcción.
La validación llegó en 2023 con una invitación a la Dubái Design Week, una de las ferias de diseño más importantes de Medio Oriente. El impacto fue tan grande que recibieron una invitación a Shark Tank Dubái, donde tres inversores mostraron interés. Sin embargo, decidieron rechazar las ofertas porque las condiciones implicaban ceder demasiado de la empresa.
En 2025 presentaron su producto estrella: ladrillos decorativos fabricados con arena del desierto, diseñados para fachadas con patrones geométricos que filtran la luz y generan privacidad. Hoy el proyecto opera con facturación anual de entre seis y siete cifras en dólares y apunta a consolidarse en Dubái antes de expandirse al resto de los emiratos.
Con información de La Nación




