Un estudio realizado sobre casi 500.000 personas encontró una asociación entre niveles elevados de inflamación crónica y cambios en la estructura y el funcionamiento del corazón, incluso en personas sin síntomas evidentes.
Una investigación del Imperial College de Londres analizó datos de cientos de miles de personas y encontró una relación entre la inflamación crónica y modificaciones en la estructura del corazón. Los resultados sugieren que este proceso, que puede mantenerse durante largos períodos sin síntomas perceptibles, podría contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
Para estudiar esta relación, los investigadores recurrieron a información del Biobanco del Reino Unido, que reúne datos médicos, genéticos y muestras biológicas de personas de entre 40 y 69 años. En total, fueron analizados los datos de 488.079 participantes, mientras que un grupo de más de 70.000 personas contó además con estudios de imágenes cardíacas y registros electrocardiográficos.
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Uno de los principales indicadores utilizados fue GlycA, un marcador que permite estimar los niveles de inflamación crónica a partir de muestras de sangre. Los investigadores compararon sus valores con distintas características del corazón, como el tamaño de las cavidades, el grosor de las paredes cardíacas, la capacidad de llenado y la rigidez de los vasos sanguíneos.
Los resultados mostraron que los niveles más elevados de inflamación estaban asociados con un menor volumen de los ventrículos, un mayor grosor de las paredes del corazón y una reducción de la capacidad de llenado durante la diástole. También se observó una frecuencia cardíaca más elevada, que los investigadores interpretaron como una posible respuesta compensatoria frente a los cambios en la función cardíaca.
El análisis de seguimiento aportó otro dato relevante: las personas ubicadas en el 20% superior de los niveles de GlycA presentaron un 43% más de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares graves que quienes se encontraban en el 20% inferior. Entre los eventos considerados se incluyeron infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca.
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Para profundizar en los mecanismos involucrados, el equipo estudió además 80 proteínas relacionadas con la respuesta inflamatoria. Los resultados apuntaron a la posible participación de vías de señalización vinculadas con el TNF, conocido como factor de necrosis tumoral, y la IL-1, una proteína involucrada en los procesos inflamatorios.
Los investigadores señalaron que los hallazgos permiten comprender mejor cómo una inflamación persistente puede estar relacionada con modificaciones cardiovasculares que no necesariamente producen síntomas en sus primeras etapas. El estudio aporta así nuevos elementos para analizar la relación entre inflamación crónica y enfermedades del corazón, aunque la presencia de estos marcadores no significa por sí sola que una persona vaya a desarrollar una enfermedad cardiovascular.
Con información de WIRED.


