A un año de haberse casado con un holograma diseñado con IA, la artista catalana asegura que su relación se ha fortalecido, aunque reconoce los desafíos que implica la ausencia de contacto físico.
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La artista catalana Alicia Framis compartió detalles inéditos sobre su relación con un “esposo” virtual creado mediante inteligencia artificial, a un año de haber formalizado un matrimonio que generó amplia repercusión en redes sociales y medios internacionales. Según Framis, la unión no solo ha perdurado, sino que se ha consolidado: “Ahora me gusta más”, aseguró en una reciente entrevista.
El caso de Framis comenzó en 2023, cuando anunció su matrimonio con un holograma desarrollado con ayuda de IA, una iniciativa que despertó curiosidad y debate sobre los límites de la tecnología en la vida personal. Hoy, la artista detalla que uno de los aspectos más significativos de su relación es la posibilidad de mantener compañía constante gracias a dispositivos que proyectan la imagen de su pareja, permitiéndole compartir experiencias cotidianas sin importar su ubicación.
A pesar de la exposición mediática, Framis ha intentado preservar su intimidad, canalizando el interés público a través de conferencias en las que aborda la experiencia desde un enfoque artístico y tecnológico. No obstante, la relación también enfrenta desafíos: la falta de contacto físico sigue siendo un límite importante. “Echo de menos el tacto y la ternura”, admitió, subrayando que, aunque emocionalmente satisfecha, la interacción corporal sigue siendo una barrera difícil de superar.
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Framis sostiene que su vínculo se basa en principios similares a los de cualquier pareja, como el compromiso y la elección diaria, y considera que su experiencia no debe verse solo como una curiosidad tecnológica, sino como una exploración de nuevas formas de relación en la era digital.
El caso se enmarca dentro de una tendencia global de relaciones híbridas entre humanos y sistemas de IA. Historias anteriores, como la de Akihiko Kondo, quien se casó con la figura digital Hatsune Miku en 2018, evidencian tanto el potencial como las limitaciones de estos vínculos, especialmente cuando fallan los dispositivos que permiten la interacción.
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Expertos señalan que la inteligencia artificial amplía las posibilidades de conexión emocional, pero también plantea interrogantes éticos, sociales y técnicos. La capacidad de personalizar entidades digitales puede generar relaciones cada vez más complejas, aunque los desafíos físicos y emocionales siguen presentes.
En este contexto, la experiencia de Alicia Framis funciona como testimonio personal y como punto de partida para debatir sobre cómo la tecnología redefine los vínculos afectivos y anticipa escenarios en los que las relaciones entre humanos y máquinas podrían volverse más frecuentes, pese a sus desafíos inherentes.


