Un día como hoy, el 11 de junio de 1864, nacía en Múnich Richard Strauss, uno de los compositores más influyentes de fines del siglo XIX y principios del XX. Con una obra que marcó un antes y un después en la música alemana, Strauss dejó huella tanto en el repertorio sinfónico como en el operístico, rivalizando incluso con el legado de Richard Wagner.
Desde temprana edad, Strauss sorprendió con su talento. A partir de 1890, sus poemas sinfónicos como Don Juan, Así habló Zaratustra o Don Quijote le ganaron reconocimiento internacional. Estas piezas, caracterizadas por una orquestación innovadora y un dramatismo profundo, todavía resuenan en las salas de concierto de todo el mundo.
El legado de Strauss en la ópera fue igualmente revolucionario. Obras como Salomé, Electra y El caballero de la rosa redefinieron el lenguaje del género, al combinar intensidad psicológica con audacia armónica. Su colaboración con el libretista Hugo von Hofmannsthal fue clave para alcanzar una profundidad artística rara vez igualada.
Sin embargo, su figura también está rodeada de controversias. Durante el régimen nazi, Strauss aceptó cargos oficiales y mantuvo vínculos con el poder, aunque su posición real —entre la colaboración y la protección de artistas perseguidos— sigue siendo objeto de debate histórico. Falleció en 1949, dejando un legado tan brillante como complejo.
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Hoy, al cumplirse 161 años de su nacimiento, el nombre de Richard Strauss continúa vigente, tanto en las orquestas como en las reflexiones sobre el rol del arte ante el poder. Su música, grandiosa y provocadora, sigue desafiando al tiempo.
Fuente: Página 12.
Foto: DW.


