En La Paz aplican tecnología para protegerlo, pero nuevas rutas comerciales y embarcaciones de gran porte ponen en riesgo su hábitat natural.
El tiburón ballena, el pez más grande del planeta, vuelve a estar en peligro. Aunque en la bahía de La Paz se implementó una estrategia de conservación reconocida internacionalmente, el crecimiento del tráfico marítimo en zonas aledañas y el posible arribo de megabuques generan nuevas alertas entre científicos y ambientalistas.
Desde hace más de una década, organizaciones como WWF, junto con prestadores turísticos y la Conanp, desarrollaron un modelo de observación regulada en la Zona I de la bahía: se instalaron GPS en embarcaciones, cámaras de monitoreo y se imparten capacitaciones obligatorias. Esta estrategia logró reducir la cantidad de tiburones heridos por colisiones, pero los datos más recientes muestran que las lesiones volvieron a aumentar.
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Según estudios de WWF México, cerca del 80% de los tiburones juveniles que visitan esta área presentan marcas de golpes, muchas de ellas compatibles con impactos de embarcaciones. El tiburón ballena se desplaza lentamente, permanece en superficie y se alimenta cerca de la costa, lo que lo vuelve especialmente vulnerable al tráfico marítimo.
La amenaza crece en el canal de navegación —fuera de la zona turística— donde no hay regulaciones claras. A esto se suma el proyecto Saguaro, que prevé el paso de megabuques de hasta 300 metros para exportar gas natural licuado a Asia. Expertos advierten que este megaproyecto podría alterar por completo la dinámica del golfo de California, una de las zonas marinas más biodiversas del mundo.
Francesca Pancaldi, bióloga marina y referente de WWF en México, plantea que urge establecer límites de velocidad también en zonas bajo control de la Marina o la Capitanía de Puerto. “Otros países ya lograron modificar rutas marítimas para proteger especies migratorias. Aquí podemos hacer lo mismo si hay voluntad política”, aseguró.
En un contexto de crisis climática global, estudios recientes proyectan que si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, la superposición entre rutas marítimas y hábitats de tiburón ballena podría aumentar hasta 15.000 veces hacia fin de siglo. En ese escenario, proteger al «gigante gentil» del mar será una carrera contra el tiempo.
Fuente: WIRED.
Foto: Pexels/Leonardo Lamas.



