Especialistas advierten que las olas de calor obligan a repensar el diseño de las viviendas. La sombra, la ventilación y el uso de materiales adecuados pueden reducir la temperatura interior de forma más eficiente y sostenible.
Las sucesivas olas de calor registradas en Europa reavivaron el debate sobre la capacidad de las viviendas para soportar temperaturas cada vez más elevadas. Tras un junio histórico en Alemania, donde varias estaciones meteorológicas superaron los 40 °C, especialistas sostienen que muchas construcciones no están preparadas para afrontar períodos prolongados de calor, lo que puede afectar el descanso y representar un riesgo para la salud.
El profesor Thomas Auer, especialista en arquitectura adaptada al clima de la Universidad Técnica de Múnich, afirma que uno de los principales desafíos es controlar el ingreso de radiación solar. En ese sentido, señala que las grandes superficies vidriadas pueden favorecer el sobrecalentamiento de los ambientes si no cuentan con sistemas de protección como persianas, cortinas exteriores o elementos que generen sombra. La situación suele agravarse en los departamentos ubicados bajo los techos.
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Los expertos también destacan la importancia de elegir correctamente los materiales de construcción. Si bien el hormigón puede ayudar a estabilizar la temperatura al almacenar calor y liberarlo durante la noche, su eficacia disminuye cuando las temperaturas nocturnas siguen siendo elevadas. Por eso, proponen combinar materiales tradicionales y naturales, como la madera y el barro, que contribuyen a regular tanto la temperatura como la humedad en el interior de las viviendas.
Otra alternativa es incorporar soluciones de diseño inspiradas en regiones acostumbradas al calor, como las casas con patios interiores, donde la vegetación, la sombra y la circulación del aire generan un microclima más fresco. Los especialistas coinciden en que estas estrategias ofrecen beneficios a largo plazo y reducen la necesidad de sistemas de refrigeración artificial.
Aunque el aire acondicionado suele aparecer como la solución más inmediata, los investigadores advierten que no siempre es la mejor opción. Además de incrementar el consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero, distintos estudios indican que el uso prolongado de estos equipos puede favorecer problemas respiratorios, resecar el ambiente y disminuir la capacidad del organismo para adaptarse a las altas temperaturas.
Fuente: DW.


