Desde 2022, unas extrañas señales de radio procedentes de la Vía Láctea venían desconcertando a los astrónomos. Llegaban con una cadencia aparentemente imposible: demasiado lentas para ser púlsares y demasiado regulares para ser simple ruido. Las llamaron transitorios de radio de largo período (LPT) y durante años nadie supo qué eran. Ahora, un equipo internacional de la Universidad de Sídney publicó un estudio en Nature Astronomy que podría cambiar esa situación.
El astrofísico Kovi Rose y sus colegas lograron rastrear uno de estos misteriosos pulsos hasta su fuente y encontraron algo que nadie había visto con tanta claridad antes: un sistema binario llamado ASKAP J1745−5051, formado por una enana blanca y una enana roja. Las dos estrellas orbitan una alrededor de la otra a una distancia tan corta que completan una vuelta completa en poco más de 81 minutos.
A esa proximidad extrema, la gravedad de la enana blanca desgarra material de su compañera y lo arrastra hacia sí. El resultado son ráfagas periódicas de ondas de radio y rayos X que se repiten con cada órbita, como un faro cósmico con una regularidad extraordinaria.
Lo que hace especialmente valioso a este sistema es que combina en un solo objeto características que hasta ahora se habían observado por separado: enana blanca, compañera binaria, actividad magnética intensa, emisión de radio, emisión de rayos X y transferencia de materia entre estrellas. Por eso los investigadores lo describen como una posible «piedra de Rosetta» para estos fenómenos: así como ese hallazgo arqueológico permitió descifrar los jeroglíficos egipcios, este sistema podría ayudar a interpretar otras señales similares detectadas en distintos rincones de la galaxia.
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El mecanismo que explica las señales opera en dos etapas. Primero, el material arrancado de la enana roja cae sobre la superficie de la enana blanca, se calienta hasta millones de grados y emite rayos X. Segundo, la interacción entre los potentes campos magnéticos de ambas estrellas —miles de veces más intensos que los de una máquina de resonancia magnética— acelera partículas cargadas responsables de los pulsos de radio. Las dos señales no alcanzan su máximo al mismo tiempo, lo que sugiere que se originan en regiones distintas del sistema.
Las observaciones fueron posibles gracias a una combinación de instrumentos: el telescopio SOAR confirmó la naturaleza binaria del sistema, el observatorio Swift de la NASA y el Einstein Probe detectaron los rayos X, y el radiotelescopio ASKAP de la CSIRO australiana registró los destellos de radio con gran precisión.
A pesar del avance, quedan preguntas abiertas. La distancia exacta del objeto sigue siendo incierta, con estimaciones que van entre 1.300 y 30.000 años luz de la Tierra, un rango que refleja las dificultades que todavía existen para medir este tipo de sistemas con precisión.
Con información de DW / Imagen: Alex Cherney /CSIRO


