La Policía Federal indaga la sustracción de muestras de H1N1 y H3N2 en un laboratorio BSL-3 de Campinas. Una investigadora argentina fue detenida y luego liberada mientras crece la preocupación por la bioseguridad.
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Un caso de alto impacto sacude al sistema científico de Brasil tras conocerse la investigación por el presunto robo de material biológico peligroso en la Universidad de Campinas, ubicada en el estado de San Pablo. Entre los elementos sustraídos se encontraban muestras de los virus H1N1 y H3N2, responsables de la gripe tipo A y con antecedentes de pandemias, como la ocurrida en 2009.
El material estaba resguardado en un laboratorio con nivel de bioseguridad 3 (BSL-3), una categoría de alta contención que implica estrictos protocolos debido al riesgo que representan los agentes infecciosos manipulados. Este tipo de virus puede transmitirse por vía aérea y provocar enfermedades graves o mortales, aunque existen medidas de prevención y tratamiento.
La desaparición fue detectada el 13 de febrero por un investigador con acceso al área restringida. Días después, la Policía Federal detuvo en flagrancia a la científica argentina Soledad Palameta Miller, coordinadora de un laboratorio dentro de la Unicamp, acusada de robo, fraude procesal y transporte irregular de material genéticamente modificado sin autorización de la Comisión Nacional Técnica de Bioseguridad.
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Según la investigación, las muestras fueron trasladadas desde el laboratorio BSL-3 hacia la Facultad de Ingeniería de los Alimentos dentro de la misma universidad. Las autoridades confirmaron que los virus no salieron del campus y que fueron recuperados en diferentes dependencias: algunos en congeladores y otros descartados en contenedores de basura con signos de manipulación.
Tras su detención, la investigadora fue liberada de manera provisional, con restricciones judiciales que le impiden salir del país o acceder a las instalaciones universitarias. Su defensa optó por no brindar declaraciones públicas debido al secreto de sumario dispuesto por la Justicia federal.
El caso también alcanza al entorno cercano de la acusada. La Policía investiga una posible implicación de su esposo, el veterinario Michael Edward Miller, en el presunto delito. Ambos están vinculados a una empresa dedicada a la producción de virus transgénicos, lo que añade un componente sensible a la investigación.
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Desde la Unicamp aseguraron que colaboran con las autoridades y que iniciaron un sumario interno para esclarecer lo ocurrido. En paralelo, el Ministerio de Agricultura mantiene bajo reserva la información sobre el material recuperado.
El episodio generó fuerte preocupación en la comunidad científica. El especialista en salud pública Gonzalo Vecina Neto calificó el hecho como “muy grave” y advirtió sobre los riesgos de manipular este tipo de material fuera de los protocolos establecidos. “Se trata de agentes con alto potencial de transmisión y consecuencias imprevisibles”, señaló.
La situación reavivó el debate sobre la seguridad en instalaciones sensibles en Brasil, especialmente en momentos en que la Unicamp avanza en la construcción de Orion, el primer laboratorio de bioseguridad nivel 4 (BSL-4) de América Latina, previsto para 2027. Estos centros están destinados al estudio de patógenos extremadamente peligrosos, sin tratamientos ni vacunas disponibles, y requieren controles aún más rigurosos.
El caso también trae a la memoria antecedentes críticos en materia de seguridad, como el desastre radiológico de 1987 en Goiânia, considerado uno de los más graves fuera de una central nuclear. En este contexto, expertos insisten en la necesidad de reforzar la formación de personal especializado y garantizar estándares estrictos para evitar incidentes con consecuencias potencialmente catastróficas.
Fuente y foto: Infobae


