Los candados en puentes y sitios simbólicos representan el amor eterno de miles de parejas, aunque para algunos son simplemente un acto de vandalismo.
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Es común encontrar en puentes y estructuras simbólicas de todo el mundo una llamativa cantidad de candados cerrados, algunos nuevos y otros oxidados, que marcan un mensaje profundo para algunos y una simple molestia para otros. La tradición de los «candados del amor» se ha convertido en un fenómeno que despierta curiosidad y opiniones divididas entre quienes consideran estas escenas como un símbolo romántico y quienes lo ven como un problema estético y estructural.
La práctica de colocar candados, habitualmente con las iniciales de la pareja, y luego lanzar la llave al agua simboliza un amor que, como el candado cerrado, permanece inquebrantable y duradero. Esta costumbre, que según algunos relatos se originó en Europa, ha ganado popularidad globalmente, llevando a miles de parejas a dejar su huella en puentes de ciudades como París, Roma y Buenos Aires.
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Sin embargo, este acto de «amor eterno» no es bien recibido por todos. Las autoridades de diferentes ciudades han tenido que implementar medidas para remover los candados, argumentando que afectan la estructura y el atractivo visual de los puentes. Además, la eliminación de estos símbolos de amor implica un gasto considerable y, en algunos casos, representa una amenaza a la seguridad del sitio.
Esta muestra de cariño genera opiniones encontradas, dividiendo a quienes celebran el valor simbólico de los candados y quienes consideran que ensucian y desfiguran el entorno natural o patrimonial.
Fuente y foto: Diario Uno


