La Universidad de Zúrich y el instituto estatal Agroscope lanzaron un experimento tan inusual como revelador: enterrar más de 2.000 calzoncillos blancos de algodón en jardines, céspedes y campos de cultivo de Suiza para medir la fertilidad del suelo y la actividad de los organismos que lo habitan. Más de 1.000 voluntarios participaron de la iniciativa, bautizada como «Beweisstück Unterhose» (La prueba, el calzoncillo).
El principio es simple: cuanto más degradado queda el calzoncillo tras dos meses bajo tierra, mayor es la actividad biológica del suelo. Bacterias y hongos se encargan de descomponer el algodón, dejando las prendas llenas de agujeros o directamente reducidas a jirones.
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Los resultados variaron según el tipo de terreno. En los jardines privados fue donde menos tejido quedó, lo que indica las mayores proporciones de materia orgánica y condiciones ideales para lombrices, hongos y bacterias. Los céspedes mostraron la menor actividad biológica. Sin embargo, una degradación excesiva no siempre es buena señal: en jardines puede indicar exceso de fertilización, aclaró Franz Bender de Agroscope.
«Es un indicador que resume varias cosas», explicó Marcel van der Heijden, codirector del estudio. «Es divertido y, al mismo tiempo, un método eficaz para investigar el suelo». El componente lúdico fue clave para atraer voluntarios y generar conciencia sobre un problema ambiental grave: cada año se pierden hasta 50 gigatoneladas de suelo por erosión y hasta 300 km² diarios quedan sellados bajo hormigón o asfalto.
Con información de DW.


