El hallazgo de cocaína en tiburones frente a Brasil reabrió el debate sobre cómo drogas y sustancias químicas, naturales y artificiales, están ingresando en la fauna silvestre y alterando su comportamiento.
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El insólito caso de los llamados “tiburones cocainómanos” se volvió viral en 2024, cuando científicos confirmaron que ejemplares de cazón picudo brasileño (Rhizoprionodon lalandii) presentaban rastros de cocaína en sus organismos. Los animales habitan la costa de Río de Janeiro, una zona donde residuos de drogas ilegales llegan al mar a través de las aguas residuales, exponiendo a la fauna marina a contaminantes invisibles pero persistentes.
Lejos de tratarse de una curiosidad graciosa, especialistas alertaron sobre la gravedad del fenómeno. La veterinaria de vida silvestre Sara Wyckoff, del Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas, advirtió que los animales no solo están siendo afectados por drogas ilegales, sino también por anticonceptivos, antibióticos y otros fármacos de uso humano que terminan en ríos y océanos. Esta contaminación química puede alterar el sistema nervioso, el comportamiento y la supervivencia de múltiples especies.
Aunque el caso de los tiburones está directamente vinculado a la actividad humana, el consumo de sustancias estimulantes no es exclusivo de nuestra especie. En la naturaleza, varios animales ingieren alcohol u otros compuestos psicoactivos de manera indirecta. Un ejemplo son los ampelis americanos, aves norteamericanas que se alimentan de frutas fermentadas. Cuando las bayas demasiado maduras producen etanol de forma natural, estas aves pueden presentar reflejos lentos y desorientación, lo que aumenta el riesgo de accidentes y depredación.
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Situaciones similares se observan en África, donde existen numerosos registros de elefantes que consumen fruta de marula fermentada. Estudios genéticos demostraron que estos animales poseen una menor capacidad para metabolizar el alcohol, lo que explica por qué pueden intoxicarse con relativa facilidad. Sin embargo, los científicos señalan que no buscan embriagarse, sino aprovechar una fuente energética abundante, aunque esté parcialmente fermentada.
En otras regiones del mundo, como Siberia, los renos consumen hongos alucinógenos como la Amanita muscaria, mientras que en el sudeste asiático, musarañas arborícolas y roedores se alimentan de néctar naturalmente alcohólico sin mostrar signos de intoxicación. Estos casos demuestran que la relación entre animales y sustancias psicoactivas es compleja y, en muchos casos, adaptativa.
El fenómeno de los tiburones con cocaína expone, sin embargo, una diferencia clave: la contaminación moderna introduce compuestos para los que muchas especies no están preparadas. Para los científicos, estos hallazgos funcionan como una señal de alerta sobre el impacto silencioso de los residuos humanos en los ecosistemas y la urgente necesidad de controlar lo que termina en el ambiente.
Fuente y foto: National Geographic


