Inspirada en el cómic original, pero reimaginada desde la urgencia y la verosimilitud, la máscara que usa Juan Salvo en El Eternauta se convirtió en el corazón visual de la megaproducción argentina.
MIRÁ TAMBIÉN | Investigador del CONICET fue premiado en Londres con el “Óscar verde”
Con Ricardo Darín como protagonista y bajo la dirección de Bruno Stagnaro, El Eternauta llega a la pantalla de Netflix como la mayor apuesta de la historia audiovisual argentina. La adaptación de la mítica historieta de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López no solo recrea una Buenos Aires sitiada por la nieve mortal y los invasores alienígenas, sino que también construye un universo realista y angustiante donde cada objeto tiene un peso simbólico. El mayor ejemplo es la máscara que lleva Darín como Juan Salvo: más que una simple pieza de utilería, se transformó en el ícono dramático de la serie.
La máscara nace como respuesta a una catástrofe: en el mundo de El Eternauta, los personajes deben improvisar trajes herméticos para sobrevivir al exterior. El equipo de vestuario, liderado por Patricia Conta, evitó cualquier diseño futurista y optó por materiales que evocan lo cotidiano, lo industrial, lo posible. “La consigna fue no hacer ciencia ficción estilizada. Todo tenía que parecer salido de un taller o un galpón”, explicó Conta.
Entre los datos más reveladores del proceso está el origen frustrado del diseño: se pensó primero como una máscara soviética, tipo Chernóbil, pero fue descartada por poco funcional. Lo mismo ocurrió con el modelo de buceo que aparece en la historieta. Finalmente, se optó por un visor amplio, con tornillos oxidados y estética urbana. El desafío mayor fue lograr que Darín pudiera respirar y hablar dentro del accesorio. Se eliminaron capas internas y se integró un micrófono que permitió grabar los diálogos sin interferencias.
MIRÁ TAMBIÉN | Se abren las ofertas para la concesión del Cerro Chapelco
La producción construyó más de 500 máscaras distintas para los extras, cada una pensada desde la desesperación. “Le pedí a mi equipo que imaginara tener que salir a buscar comida. Que diseñaran desde la urgencia, no desde el glamour”, contó la diseñadora. El resultado fue una colección de piezas únicas, caseras o industriales, que refuerzan la crudeza del relato.
Así, la máscara de Juan Salvo no solo cumple su función narrativa como protección ante la amenaza externa: se vuelve también un símbolo visual de resistencia, humanidad y tragedia. En una serie donde todo fue pensado al detalle, esta pieza resume la esencia de El Eternauta: el heroísmo cotidiano frente al fin del mundo.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


