Una pluma hipersalina con trazas radiactivas avanza hacia el acuífero de Biscayne, vital para más de tres millones de personas. La planta nuclear Turkey Point está en el centro de una creciente crisis ambiental en el sur de Florida.
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Una amenaza invisible pero crítica avanza bajo los pies de Miami. Se trata de una pluma hipersalina con trazas de tritio, un isótopo radiactivo, que se filtra desde la planta nuclear Turkey Point hacia el acuífero de Biscayne, la principal fuente de agua potable de la región. Este fenómeno, confirmado por un informe de Bloomberg, ha encendido las alarmas entre autoridades, científicos y organizaciones ambientalistas, que advierten sobre los riesgos a la salud pública y al equilibrio ecológico del sur de Florida.
La planta, operada por Florida Power & Light (FPL), genera electricidad para un millón de hogares desde 1972. Sin embargo, su sistema de enfriamiento, diseñado para evitar vertidos térmicos al mar, ha provocado la acumulación de agua salina en canales artificiales que se ha filtrado al acuífero a través del lecho de piedra caliza. El avance de esta pluma ya se encuentra a solo seis kilómetros de campos de pozos clave en Miami y once kilómetros de la planta de tratamiento de Key West.
A pesar de los esfuerzos de FPL, que incluye un sistema de bombeo para extraer y reinyectar agua salobre en formaciones geológicas profundas, la empresa ha reconocido que no podrá cumplir su compromiso de contener la contaminación antes de 2028. Las autoridades locales han invertido millones en modernizar sus plantas de tratamiento ante el eventual ingreso de agua salada a la red de distribución.
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El problema, lejos de ser reciente, data de más de una década y ha provocado demandas y apelaciones, especialmente cuando en 2024 la Comisión Reguladora Nuclear de EE. UU. aprobó extender la licencia de Turkey Point hasta 2053. Grupos como Miami Waterkeeper insisten en que la energía nuclear, aunque no debe descartarse, debe operar sin comprometer recursos vitales como el agua dulce.
El acuífero de Biscayne es un sistema esencial no solo para los más de tres millones de residentes de Miami-Dade y los Cayos, sino también para los ecosistemas de los Everglades y el Parque Nacional Biscayne. En un contexto de cambio climático y subida del nivel del mar, la filtración radiactiva de una planta envejecida plantea serias preguntas sobre la sostenibilidad y seguridad de la infraestructura energética en zonas vulnerables.
Fuente y foto: Infobae


