Tomás Machuca, un joven de 23 años del Barrio República de Rosario, transformó una lesión que lo alejó de las canchas en un proyecto de triple impacto. A los 17, tras romperse sus canilleras y no tener dinero para reemplazarlas, cortó un balde viejo y lo adaptó con un secador de pelo para poder jugar. Ese ingenio casero dio inicio a lo que hoy es Fenikks, una empresa que produce 40 mil canilleras al mes utilizando tapitas de gaseosa recicladas.
El proyecto no solo se consolidó por su creatividad, sino también por su alcance social: por cada canillera vendida, se dona otra a clubes de barrio en distintos puntos de Argentina. Desde Rosario hasta Buenos Aires, Mar del Plata, Córdoba y Tucumán, la iniciativa incentiva el reciclaje y fomenta la solidaridad, creando un circuito que involucra a jugadores, familias y comunidades.
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Fenikks logró trascender el fútbol amateur y hoy equipa a 64 clubes, además de llegar a figuras de renombre como Lionel Messi, Sergio Agüero y Rodrigo De Paul. La viralización de sus productos comenzó con un video que mostraba su historia, alcanzando millones de reproducciones y consolidando la marca a nivel nacional e internacional.
Para Machuca, el proyecto también es un ejemplo de resiliencia y educación familiar. Hijo de un verdulero y una ama de casa, reconoce que el apoyo constante de su familia fue clave para aprovechar oportunidades y no dejarse vencer por las dificultades del entorno. Su mensaje apunta a motivar a otros jóvenes a perseguir sus ideas y a no rendirse frente a los obstáculos.
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Hoy, además de dirigir la producción y expansión de Fenikks, Tomás ofrece charlas motivacionales y continúa innovando en el diseño de canilleras flexibles, sustentables y accesibles, consolidando un legado que comenzó con un simple balde y una patada que cambió su destino.
Fuente: El Destape.


