Un nuevo estudio en Science Advances propone que los neandertales obtenían su energía no solo de carne fresca, sino también de tejido en descomposición y larvas, lo que explicaría sus altos niveles de nitrógeno.
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Durante años, los científicos se preguntaron por qué los restos óseos de los neandertales mostraban niveles extremadamente altos de nitrógeno-15, un marcador químico vinculado al consumo de carne, incluso mayores que los de carnívoros como lobos o leones. Un reciente estudio publicado en la revista Science Advances arroja una respuesta insólita: los neandertales no solo consumían carne fresca, sino también carne podrida y gusanos.
La investigación fue liderada por la antropóloga Melanie Beasley y el profesor John Speth, quienes desafiaron la visión clásica del neandertal como cazador estricto de grandes mamíferos. A partir de análisis isotópicos y evidencia etnográfica, concluyeron que las técnicas de conservación primitivas permitían que la carne se descompusiera lentamente, generando un entorno ideal para la proliferación de larvas. Estos gusanos, ricos en nitrógeno-15, habrían sido consumidos como fuente alternativa de energía.
Para confirmar esta hipótesis, Beasley realizó experimentos en el Forensic Anthropology Center de la Universidad de Tennessee, donde estudió cuerpos humanos en descomposición. La investigación demostró que el nitrógeno-15 aumentaba levemente en la carne, pero se elevaba notablemente en las larvas que crecían en ella.
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Este patrón químico coincide con los hallazgos arqueológicos y se alinea con prácticas documentadas entre pueblos indígenas del Ártico, que aún hoy consumen carne fermentada e insectos como estrategia nutricional. Así, el estudio no solo amplía la comprensión de la dieta neandertal, sino que también destaca su capacidad de adaptación en climas hostiles y temporadas de escasez.
Los autores subrayan que esta estrategia alimentaria era vital para evitar la intoxicación por exceso de proteína magra —conocida como “rabbit starvation”—, un riesgo exclusivo de los humanos. La incorporación de carne descompuesta y gusanos proveía grasas, aminoácidos y energía difícil de conseguir en otras fuentes durante el Paleolítico.
Este descubrimiento no solo cambia la perspectiva sobre los hábitos alimenticios de los neandertales, sino que también reaviva el debate sobre los límites del comportamiento humano primitivo y la evolución cultural. Como señaló la publicación National Geographic, “parece ciencia ficción, pero tiene respaldo químico, experimental y etnográfico”.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


