Ubicado en el departamento de Flores, a pocos kilómetros de Trinidad, La Crinera es el primer laberinto de maíz de Uruguay y el más extenso de la región. Con más de cinco kilómetros de senderos, es una experiencia estacional que invita a “encontrarse” en lugar de perderse.
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En el corazón del departamento de Flores, en Uruguay, se encuentra La Crinera, un atractivo turístico poco convencional que se ha convertido en el laberinto de maíz más grande de Sudamérica.
Ubicado sobre la Ruta 3, en el kilómetro 184, a solo cuatro kilómetros de Trinidad, este espacio ocupa un predio de 60.000 metros cuadrados y cuenta con más de cinco kilómetros de senderos delimitados por paredes de maíz que superan el metro de altura. Se trata del primer y único laberinto de maíz del país y el quinto más grande del mundo en su tipo.
A diferencia de otros laberintos tradicionales, La Crinera no está pensado para que los visitantes se pierdan, sino para que confluyan en el centro del recorrido. Su fundador, Santos Luis Urioste, lo inauguró en marzo de 2025 con una premisa clara: “venir y caminarlo para encontrarte, no para perderte”.
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El laberinto está construido íntegramente con plantas de maíz, un cultivo estacional que determina su existencia. Cada año, tras la cosecha, el trazado desaparece y regresa en la siguiente temporada con un diseño completamente renovado.
El terreno alberga cerca de 100.000 plantas de maíz por hectárea y el recorrido forma figuras simbólicas visibles desde miradores elevados: dos manos sobre la tierra, un corazón en la parte inferior y un símbolo superior que, según sus creadores, representa la conexión con el universo.
Las fechas de apertura y cierre se anuncian en los canales oficiales del complejo, junto con los nuevos diseños y actividades programadas.
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Uno de los aspectos que distingue a La Crinera es que todos los caminos conducen a algún punto de encuentro, en contraste con los laberintos clásicos donde solo un sendero lleva a la salida. Cada tramo incluye mensajes ocultos y frases que invitan a la reflexión, convirtiendo la caminata en una experiencia lúdica y también introspectiva.
Además del recorrido principal, el predio organiza conciertos, noches temáticas, visitas guiadas y excursiones escolares durante la temporada. Los visitantes también pueden acceder a miradores para apreciar el diseño completo desde la altura y tomar fotografías panorámicas.
El valor de la entrada general es de 350 pesos uruguayos, mientras que los niños de 5 a 10 años abonan 250 pesos y los menores de 5 ingresan sin costo. Para visitas habituales no es necesario realizar reserva previa.
La Crinera se consolida así como uno de los atractivos turísticos más originales de Uruguay y un plan ideal para disfrutar en familia, combinando naturaleza, arte y espiritualidad en una propuesta única en Sudamérica.
Fuente y foto: TN


