Los icónicos lagos rosados de Australia podrían perder su color debido al aumento de temperaturas y la explotación de sal, según advierten científicos de la Universidad de Curtin y National Geographic.
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En el corazón del paisaje australiano, los lagos rosados destacan como joyas naturales entre gargantas ocres y aguas turquesas. Su color vibrante, que ha maravillado durante milenios a los pueblos originarios y a millones de turistas modernos, se encuentra hoy en peligro por el cambio climático y la actividad humana.
Según estudios realizados por expertos de la Universidad de Curtin y reportes de National Geographic, estos ecosistemas únicos podrían desaparecer si continúan las alteraciones en su equilibrio ecológico. Su color rosa intenso, generado por microorganismos como la Dunaliella salina y la bacteria Salinibacter ruber, depende de niveles específicos de salinidad, luz solar y estabilidad ambiental.
Los lagos salados de Australia Occidental, como el famoso Pink Lake y el lago Hillier, son el resultado de millones de años de transformación geológica. En sus orígenes, antiguos ríos dieron paso a megalagos, que al contraerse formaron estos cuerpos de agua hipersalinos. Su ecología, sin embargo, es tan dinámica como frágil.
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“La gente no comprende estos lagos porque no siguen una lógica temporal humana. Pero cuando se activan, son ecosistemas increíblemente productivos y biodiversos”, explicó el biólogo Angus Lawrie, de Curtin, en diálogo con National Geographic.
El color rosado proviene de pigmentos como el betacaroteno, que protege a estos microorganismos de la radiación UV. Pero su supervivencia está comprometida. La sobreexplotación de sal —practicada desde el siglo XIX— y eventos climáticos extremos, como lluvias intensas, diluyen la salinidad y permiten que otros organismos invadan el hábitat.
Pink Lake, por ejemplo, perdió su color a principios de los 2000 por la extracción salina desmedida. En 2025, el lago Hillier experimentó un fenómeno similar tras lluvias inusuales que alteraron su química. En ambos casos, los cambios fueron tan visibles como inmediatos, dejando a comunidades como Esperance sin uno de sus símbolos identitarios.
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No obstante, existen esfuerzos para revertir la situación. En Pink Lake, científicos proponen transferir sal desde el vecino Lake Warden para recuperar el equilibrio. De concretarse, el lago podría recuperar su color en menos de una década. En el caso de Hillier, algunos especialistas confían en una recuperación natural a medida que se restablezca la salinidad.
“La desaparición del color rosa es un mensaje claro: nuestros ecosistemas están colapsando”, afirmó la experta en ambientes extremos, Natalie Callow. “Vivimos una era de reparación: es momento de restaurar lo que destruimos”, añadió.
Hoy, los lagos rosados no solo son símbolos de la belleza australiana, sino también termómetros ambientales que evidencian el impacto humano sobre el planeta. Preservarlos implica repensar nuestra relación con la naturaleza, pasando de la explotación a la restauración.
Fuente y foto: Infobae


