En Rovaniemi, Finlandia, el Santa’s Igloo Arctic Circle vive una fiebre navideña permanente, con reservas agotadas hasta 2027. Una argentina cuenta cómo es trabajar en el hotel más famoso del Polo Norte, cuánto cuesta alojarse y qué hay detrás del mito.
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Entrar al Santa’s Igloo Arctic Circle en esta época del año implica sumergirse en una Navidad que no conoce pausas. Ubicado en Rovaniemi, Finlandia, dentro del único pueblo navideño oficial del mundo, el hotel donde “vive” Papá Noel ya tiene reservas confirmadas para diciembre de 2027, a pesar de que todavía faltan más de dos años para esa fecha.
El complejo cuenta con 71 iglús con techo de cristal, diseñados para observar las auroras boreales desde la cama. Según contó Milagros Pennella, una argentina de 32 años oriunda de Azul que trabaja como recepcionista, la demanda es tan alta que los correos electrónicos colapsan desde octubre. “La locura por la Navidad es total. Todos los días llegan consultas para fechas que aún no figuran en los calendarios”, relató.
Alojarse en uno de estos iglús no es económico. En temporada baja, el valor mínimo ronda los 850 euros por noche para dos personas con desayuno incluido, mientras que en Navidad puede trepar hasta los 1.500 euros. El espacio es reducido, de apenas 19 metros cuadrados, con una cama, mesas de luz y baño privado. “Puede parecer un hotel de cuatro estrellas, pero es muy básico. No hay lujos ni grandes despliegues”, aclaró Pennella.
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La mayoría de los turistas proviene de países asiáticos, aunque también se registran muchos visitantes de España e Italia, favorecidos por la reciente ampliación de vuelos directos a Finlandia. En los últimos años, además, comenzó a crecer el turismo brasileño, atraído por la experiencia de conocer el Polo Norte y al mítico Papá Noel.
Más allá del éxito comercial, el hotel mantiene una estética sobria, fiel al estilo nórdico. Según la trabajadora argentina, incluso los eventos navideños son discretos. “Cuando se abrió el countdown todos esperaban algo enorme, pero fue muy tranquilo. Papá Noel dio un discurso corto y nada más”, explicó, marcando el contraste con las celebraciones más estridentes de otras ciudades del mundo.
Entre las actividades que se ofrecen figuran paseos en trineo tirado por renos, fotos con Papá Noel y excursiones para intentar ver auroras boreales, una experiencia que, según advierten, depende más de la suerte y el clima que de la planificación. “A veces se viaja horas y solo hay nubes”, reconoció.
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Trabajar en el Santa’s Igloo Arctic Circle también tiene su particularidad. Los sueldos oscilan entre 2.000 y 2.500 euros mensuales, con extras por fines de semana. El hotel ofrece alojamiento y una comida diaria, con un descuento aproximado de 300 dólares. “Es un trabajo bien pago en comparación con otros países de Europa, aunque la vida es austera y el frío y la soledad pesan”, confesó Pennella.
A más de 13.000 kilómetros de la Argentina, la joven asegura que la experiencia se parece a un retiro personal. Con pocos lujos, salidas costosas y largas noches de invierno, la rutina se apoya en la convivencia con otros trabajadores extranjeros. “Nos cuidamos entre todos. Somos una familia improvisada en el Ártico”, resumió.
Mientras el hotel de Papá Noel sigue agotando fechas con años de anticipación, historias como la de Milagros revelan que detrás del negocio navideño más extremo del planeta hay trabajo duro, precios elevados y una vida marcada por la sencillez nórdica, muy lejos del brillo cinematográfico que muchos imaginan.
Fuente y foto: Infobae


