El precio del diésel atraviesa una fuerte suba a nivel internacional debido a interrupciones en refinerías, restricciones de suministro y tensiones geopolíticas. El impacto es especialmente relevante para Europa, donde el transporte de mercancías, la agricultura y distintas actividades industriales dependen de este combustible.
En Estados Unidos, uno de los principales exportadores mundiales de diésel, el precio promedio semanal alcanzó los 6,52 dólares por galón, frente a los 3,74 dólares registrados un año atrás, según la Administración de Información Energética estadounidense. El mercado también está condicionado por los ataques contra refinerías rusas y por las restricciones en otras zonas productoras.
Europa presenta una vulnerabilidad particular porque mantiene una elevada dependencia del diésel. Según datos citados por DW, algo más del 38% de los vehículos de pasajeros de la Unión Europea utiliza este combustible, mientras que el transporte por carretera representa el 77% del consumo total de diésel y gasóleo del bloque.
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La menor disponibilidad ya genera un impacto económico significativo. Un informe de Transport & Environment estima que los conductores europeos pagan, en promedio, unos 30 euros adicionales por cada tanque de 50 litros, mientras que un camionero alemán de larga distancia afronta un costo extra promedio de 236 euros por semana. El aumento de los gastos de combustible para el transporte vial europeo alcanza, según el mismo informe, unos 270 millones de euros diarios.
Los especialistas citados por DW señalan que el principal problema dejó de estar concentrado en la disponibilidad de petróleo crudo y pasó a la capacidad de refinación. Los ataques contra instalaciones rusas y las interrupciones vinculadas con el conflicto en torno al estrecho de Ormuz redujeron la capacidad operativa de las refinerías, mientras que la oferta mundial de productos refinados se encuentra más limitada.
El escenario podría complicarse durante los próximos meses con la llegada del invierno al hemisferio norte. Las refinerías deberán atender una mayor demanda de gasóleo para calefacción y diésel, mientras que una eventual reducción de las exportaciones estadounidenses hacia Europa podría presionar todavía más sobre los precios y el abastecimiento del combustible.


