El mandatario prometió resistir mientras el país espera la decisión del Tribunal Constitucional.
Corea del Sur vive un momento de tensión política tras la destitución de su presidente, Yoon Suk Yeol, por el Parlamento de mayoría opositora. El mandatario fue acusado de intentar imponer la ley marcial, una medida que generó un profundo impacto en la nación. Ahora, el Tribunal Constitucional decidirá en un plazo de seis meses si ratifica esta decisión, lo que podría llevar a elecciones anticipadas.
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Con sus poderes suspendidos, Yoon permanece en el cargo simbólicamente, mientras el primer ministro Han Duck-soo asume la presidencia en funciones. Han aseguró que trabajará para garantizar la estabilidad del gobierno en medio de esta crisis. “Daré todas mis fuerzas para estabilizar el gobierno”, afirmó ante los medios.
Esta es la segunda vez en menos de una década que un presidente conservador enfrenta la destitución en Corea del Sur. En 2017, Park Geun-hye fue removida del cargo en circunstancias igualmente controvertidas. Yoon, conocido por su carácter combativo, prometió no rendirse: “Aunque me detengo por ahora, el camino hacia el futuro que he recorrido con el pueblo nunca debe detenerse”.
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Las calles de Seúl reflejaron el profundo quiebre social que vive el país. Mientras los opositores celebraron con entusiasmo la destitución, los seguidores de Yoon abandonaron silenciosamente sus manifestaciones. En paralelo, Lee Jae-myung, líder del opositor Partido Democrático, alentó a la multitud a seguir presionando para que el Tribunal Constitucional acelere la decisión.
Fuente: REUTERS
Foto: LA NACIÓN


