El Reino Unido anunció un cambio radical en su política migratoria: los refugiados reconocidos ya no tendrán acceso automático a la residencia permanente ni a la reagrupación familiar. La medida, presentada por el primer ministro Keir Starmer durante una cumbre en Copenhague, busca restringir lo que calificó como “el billete dorado” del asilo.
El Ejecutivo laborista aclaró que las personas refugiadas seguirán recibiendo “protección básica” y no serán devueltas a países en conflicto, pero el camino hacia la residencia indefinida se duplicará de cinco a diez años. Durante ese período, los solicitantes deberán cumplir condiciones como trabajar, cotizar a la seguridad social, dominar el inglés, no tener antecedentes penales y participar en actividades comunitarias.
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En paralelo, Londres cerró un acuerdo con Dinamarca para destinar hasta tres millones de libras a programas en los Balcanes occidentales, con el objetivo de reducir las causas de la migración en origen y fomentar la permanencia en la región. Según el gobierno británico, se trata de una estrategia “para abordar el problema desde la raíz”.
Organizaciones de derechos humanos criticaron el giro en la política. El Consejo de Refugiados advirtió que la supresión de la reagrupación familiar podría “empujar a más personas a recurrir a traficantes para reunirse con sus seres queridos”, y subrayó que este tipo de visados beneficia sobre todo a mujeres y niños.
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De acuerdo con cifras oficiales, más de 34.000 migrantes cruzaron el canal de la Mancha desde Francia hacia Inglaterra en lo que va de 2025, la cifra más alta desde que comenzaron a registrarse estos datos en 2018. El debate sobre asilo y migración sigue marcando la agenda política británica.
Fuente: EFE.


