Un estudio revela que el regolito marciano posee compuestos tóxicos que inhiben la vida. Los «osos de agua», conocidos por su resistencia extrema, no lograron sobrevivir al contacto directo con simulaciones del suelo marciano.
Científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania han dado un paso crucial para entender qué tan habitable es realmente Marte. Utilizando tardígrados, los famosos «osos de agua» capaces de sobrevivir al vacío del espacio y a radiaciones letales, un equipo de investigación probó la toxicidad del regolito marciano. Los resultados, publicados en el International Journal of Astrobiology, sugieren que el suelo del planeta rojo es mucho más hostil de lo que se pensaba.
Para el experimento, los investigadores utilizaron dos variantes de suelo simulado: MGS-1, que representa la composición global del planeta, y OUCM-1, que imita una región específica. A diferencia de la Luna, Marte posee un suelo rico en minerales basálticos, óxidos de hierro y sales oxidantes. Al entrar en contacto con estas partículas, los tardígrados, que inicialmente estaban activos y bien alimentados, dejaron de moverse en apenas un par de días.
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El simulante MGS-1 resultó ser el más devastador. Los organismos mostraron daños físicos visibles, como hinchazón y degradación cutánea, quedando cubiertos de partículas minerales hasta ser «presumidos muertos» por los expertos. Este hallazgo es significativo, ya que los tardígrados actúan como depredadores y consumidores primarios en los suelos terrestres; si ellos no pueden prosperar, la creación de sustratos agrícolas en Marte enfrenta un desafío mayúsculo.
Sin embargo, el estudio también arrojó una luz de esperanza. En una segunda fase, los científicos lavaron el suelo simulado con agua antes de introducir nuevos ejemplares. Tras este proceso, la toxicidad disminuyó considerablemente. Según Corien Bakermans, codirector del estudio, esto indica que los componentes más dañinos, posiblemente ciertas sales o compuestos oxidantes, son solubles y podrían eliminarse mediante tratamientos previos al uso humano o agrícola.
Más allá de las dificultades para una futura colonia, estos resultados tienen una lectura positiva en términos de «protección planetaria». La química hostil del regolito podría actuar como una barrera defensiva natural, impidiendo que microbios terrestres contaminen Marte durante las misiones de exploración. Este «sistema de defensa» químico protegería la integridad de posibles rastros de vida antigua que los científicos buscan desesperadamente.
Finalmente, el estudio subraya que, aunque la tecnología permita fabricar réplicas precisas, la verdadera prueba llegará cuando se obtengan muestras reales del planeta. Entender el comportamiento del regolito no es solo una curiosidad biológica, sino una necesidad de supervivencia: cualquier plan de asentamiento humano a largo plazo dependerá de nuestra capacidad para dominar y «limpiar» el polvo que cubre la superficie marciana.
Con información de WIRED.


