La transición hacia los autos eléctricos avanza en América Latina, pero enfrenta un desafío profundo: que la energía que alimenta esos vehículos provenga de fuentes realmente limpias. De lo contrario, la electromovilidad se convierte en un espejismo ambiental, incapaz de reducir emisiones de forma significativa. Para lograr un cambio genuino, la región necesita integrar tecnología, infraestructura y políticas públicas bajo una misma visión.
En este escenario, las universidades aparecen como actores clave para liderar la transformación. La discusión ya no pasa solo por fabricar autos eléctricos, sino por repensar todo el sistema energético que los hace funcionar. Esto requiere equipos donde convivan ingenieros, economistas, urbanistas, expertos en derecho y científicos sociales, capaces de analizar el impacto ambiental y social de cada decisión tecnológica.
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Un ejemplo que sintetiza este abordaje interdisciplinario es El Fantástico, el auto autónomo desarrollado por el Tecnológico de Monterrey en colaboración con el Politécnico de Milán. El vehículo, que participa este año en la Carrera Panamericana, combina diseño eléctrico con sistemas inteligentes y herramientas de investigación sobre movilidad urbana y uso eficiente de la energía. No se trata solo de un prototipo: es un laboratorio rodante que une ciencia, innovación y formación profesional.
El proyecto demuestra cómo la electromovilidad puede convertirse en un espacio educativo mucho más amplio que la ingeniería automotriz. Los estudiantes participan en debates sobre infraestructura de carga, marcos regulatorios, planificación de ciudades y modelos de transición energética. Esta integración entre tecnología y ciencias sociales permite anticipar desafíos reales que enfrentará la región en su camino hacia un futuro bajo en carbono.
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La experiencia invita a pensar un modelo latinoamericano propio, basado en alianzas entre universidades, gobiernos y empresas. En un contexto donde la región dispone de recursos naturales estratégicos —como el litio, el sol y el viento—, invertir en ciencia e investigación interdisciplinaria es clave para aprovecharlos de manera sostenible. La movilidad eléctrica será realmente transformadora solo si va acompañada de educación, innovación y una profunda descarbonización de las redes eléctricas.
Fuente: Infobae.


