Un equipo de especialistas del CENPAT analizó por primera vez la abundancia, características, fuentes y destino de las partículas antropogénicas en el agua costera y en los sedimentos intermareales a lo largo de toda la costa del Golfo Nuevo, en Chubut. Se estima que más del 70% de los residuos hallados en costas, superficie oceánica y fondo marino son plásticos, y que cerca del 80% de estos desechos proviene de actividades humanas en tierra.
El trabajo fue liderado por Ayelén Costa y Rodrigo Hernández Moresino, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), junto a otros investigadores del CESIMAR y del INTEMA-CONICET. Durante tres campañas terrestres, el equipo muestreó 12 estaciones, recolectando muestras de agua y sedimento para evaluar la presencia de partículas antropogénicas y analizar su relación con factores ambientales como vientos y corrientes.
Moresino explicó que el equipo inició un muestreo costero en todo el Golfo Nuevo, buscando puntos accesibles a lo largo de la costa para identificar tanto posibles lugares de salida de microplásticos como áreas donde estos desechos podrían acumularse.
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Los resultados mostraron que las mayores concentraciones de partículas en agua costera se registran cerca de Puerto Madryn, lo que evidencia la influencia directa de la actividad humana local. En los sedimentos intermareales, en cambio, no se observó un patrón de acumulación definido, lo que sugiere que las partículas se redistribuyen a lo largo de la costa debido a corrientes, vientos y características geomorfológicas de las playas.
«Cerca de la ciudad e industrias se encuentran mayores concentraciones de microplásticos en el agua, no así en la parte de sedimentos», señaló el investigador, y añadió: «En los sedimentos encontramos una distribución mucho más heterogénea, que seguramente está debida a condiciones hidrodinámicas de las zonas y de las playas.»
En comparación con otras regiones del mundo, las concentraciones en el Golfo Nuevo se consideran bajas a moderadas, menores que las registradas en playas europeas del Mediterráneo o Báltico, el Golfo de Suez o algunas playas argentinas como Claromecó y Monte Hermoso.
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El científico explicó además que resulta difícil determinar el origen de los plásticos, que no solo son generados en la zona sino que provienen de otros lugares. «Los plásticos son duraderos y tardan mucho en degradarse y, además, tienen una densidad muy baja, por lo tanto son distribuidos por el agua a diferentes lugares», resaltó.
Entre los tipos de plásticos más comunes se encuentran PET, firmas de tinte sin identificar y celulosa antropogénica, en su mayoría de color azul, seguidas de transparentes y negras, provenientes de productos textiles y, en algunos casos, de redes de pesca y cuerdas.
La becaria Ayelén Costa subrayó la importancia de concientizar sobre la problemática: «Es un enemigo invisible, que al ojo humano no lo estamos viendo, pero está en todos lados: en el agua, en el mar, en la tierra, en la nieve, en la atmósfera.»
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Costa destacó que no se trata de eliminar el plástico por completo, sino de mitigar su impacto y reducir el plástico de un solo uso: «Llega a nuestras manos, dura un segundo y lo desechamos», y si no se gestiona correctamente termina en el ambiente, donde con el tiempo se fragmenta y se multiplica, volviéndose difícil de retirar.
Este estudio constituye una línea de base fundamental para monitorear la contaminación por plásticos en el Golfo Nuevo y permitirá evaluar su evolución a lo largo del tiempo, identificar nuevas partículas y diseñar estrategias de concientización y mitigación.




