En un esfuerzo por evaluar la calidad del agua y los sedimentos del río Chubut, investigadores del CENPAT han centrado su atención en la almeja asiática, Corbicula fluminea. Esta especie invasora, originaria de Asia, África y Australia, fue descubierta en el río por la investigadora Berenice Trovant en 2021, marcando su registro más austral.
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Tras el hallazgo, Trovant se contactó con sus colegas Erica Giarratano y Rodrigo Hernández Moresino del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET). Juntos, comenzaron a investigar si esta almeja puede servir como biomonitor de contaminación, analizando su capacidad para filtrar agua y acumular sedimentos contaminados. Las almejas para el estudio fueron colectadas en cercanías de Trelew.

«Nosotros queríamos ver si esta especie podía ser útil para monitorear la calidad de los sedimentos ya que vive enterrada y, a su vez, del agua que está por encima porque esta especie tiene la capacidad de filtrar la misma para obtener el alimento», explicó Giarratano, del Laboratorio de Química Ambiental y Ecotoxicología (LAQUIAE).
Se evaluaron metales esenciales como cobre, manganeso, níquel y zinc, y otros no esenciales como cadmio, cromo, plomo y arsénico. De estos, solo se encontró arsénico, lo que llevó a recomendar no consumir la almeja asiática.
Giarratano señaló que el arsénico detectado probablemente proviene de sedimentos y cenizas volcánicas de la región andina, y no de fuentes antrópicas. «Para la tranquilidad de todos los chubutenses que tomamos agua potable que proviene del Río Chubut, el nivel de arsénico en el agua del río dio no detectable», afirmó.
El estudio también reveló la presencia de microplásticos en las almejas, principalmente fibras de PET transparente y de algodón teñidas, probablemente procedentes de redes de pesca y del lavado de ropa. La abundancia de microplásticos fue de bajo a moderado, consistente con estudios previos en el mismo río.

Los especialistas concluyeron que la almeja asiática podría ser un biomonitor útil para evaluar cambios en la calidad ambiental de sistemas acuáticos como el río Chubut. «Estudiar y monitorear la bioacumulación de microplásticos y elementos como el arsénico en bivalvos es crucial para evaluar el riesgo potencial para el ecosistema así como para la salud humana a través del consumo», destacaron los autores.
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No obstante, Trovant advirtió sobre los perjuicios de Corbicula fluminea como especie invasora. «Reduce la abundancia del fitoplancton, alterando la cadena alimenticia, y puede acumularse en filtros y tuberías, afectando el funcionamiento de represas, centrales hidroeléctricas y plantas potabilizadoras de agua», concluyó.
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