Descubierto en 1888 pero analizado recién ahora con tomografía computarizada, el fósil de Trawdenia planti conservó tejidos neurales y redefine cómo los científicos reconstruyen el cerebro de peces extintos.
Un fósil de un pequeño pez que vivió hace más de 300 millones de años está ayudando a los científicos a responder preguntas que durante décadas parecían imposibles de resolver. El ejemplar, conocido como Trawdenia planti, conservó en su interior tejidos del cerebro, una rareza excepcional ya que este tipo de estructuras blandas suele desaparecer poco después de la muerte.
El fósil fue hallado en 1888 en antiguos depósitos de carbón cerca de Trawden, en Lancashire, Inglaterra, pero solo las tecnologías actuales permitieron observar su interior sin dañar el ejemplar. Mediante tomografía computarizada, el equipo identificó restos de tejido neural, membranas cerebrales y estructuras ventriculares relacionadas con la circulación del líquido cefalorraquídeo.
El hallazgo también cambia la forma de interpretar otros fósiles. Durante años, los paleontólogos reconstruyeron los cerebros de peces extintos usando únicamente la forma interna del cráneo, sin saber si el cerebro ocupaba realmente todo ese espacio. El análisis de Trawdenia planti demostró que el cerebro encajaba casi por completo dentro de la cavidad craneal, lo que convierte el interior del cráneo en una referencia mucho más confiable para reconstruir la anatomía cerebral de otros peces fósiles.
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Los investigadores encontraron además que algunas características del cerebro de Trawdenia planti guardan semejanzas con peces actuales como los esturiones y los peces espátula, lo que indica que pertenecía a una rama evolutiva muy cercana a los primeros linajes que dieron origen a los peces de aletas radiadas: el grupo del que descienden el 99% de las más de 30.000 especies de peces actuales y aproximadamente la mitad de todos los vertebrados modernos.



