Hace 40 años, el académico estadounidense Thomas Sutherland fue secuestrado en Beirut por Hezbollah en uno de los secuestros más largos de la historia: 2353 días de cautiverio.
Decano de agronomía en la Universidad Americana de Beirut, Sutherland fue confundido con un espía en medio del conflicto bélico que atravesaba Líbano, donde convivían una guerra civil y la invasión israelí. Su rutina diaria se transformó en un calvario de encierro, golpes y torturas.
MIRÁ TAMBIÉN | Fiscal general de EE.UU: «Los Ángeles parece un país del tercer mundo»
Durante más de seis años, Sutherland fue trasladado de un lugar a otro, encadenado y sometido a condiciones infrahumanas, sin contacto con la luz natural ni certezas sobre su futuro. A pesar de la desesperanza y varios intentos de suicidio, una promesa familiar y la fe le permitieron resistir. Compartió celda con otros rehenes, entre ellos el periodista Terry Anderson, con quien mantuvo la mente activa enseñando agronomía y aprendiendo a jugar al ajedrez, mientras leían más de 600 libros.
Los captores exigían la liberación de prisioneros vinculados a Saddam Hussein, pero también comprendieron, con el tiempo, que el valor del rehén radicaba en mantenerlo vivo y saludable para poder negociar su intercambio. Esta comprensión salvó la vida de Sutherland y sus compañeros, quienes finalmente fueron liberados en noviembre de 1991 tras un largo proceso de negociaciones y maniobras.
MIRÁ TAMBIÉN | Brasil destina una cifra récord al café para impulsar exportaciones
La liberación fue un momento emotivo y esperado: tras 6 años y medio, Sutherland pudo reencontrarse con su familia. Su imagen al llegar a Estados Unidos, pálido pero con una sonrisa de triunfo, marcó una página memorable en la historia de la Universidad de Colorado, donde siguió su carrera académica. Su historia es un testimonio de coraje, resiliencia y la importancia de la esperanza incluso en las circunstancias más adversas.
Hoy, Thomas Sutherland es recordado no solo como un académico, sino como un símbolo de resistencia frente a la injusticia y la violencia. Su experiencia en cautiverio demuestra el poder de la mente humana para sobrevivir al horror, y el valor de no rendirse nunca, incluso cuando todo parece perdido.
Fuente: TN.


