Ali Murad, un profesor de derecho de 43 años, se enteró de que su casa en la aldea de Aitaroun fue dinamitada por soldados israelíes tras recibir un video de un amigo. Su padre, quien tenía su clínica en el mismo edificio, intentó mantenerse firme al conocer la noticia. La familia vivió en esa casa desde el fin de la ocupación israelí en el sur de Líbano en los años 2000.
Desde hace más de un año, la frontera entre Israel y Líbano ha sido escenario de disparos constantes entre las fuerzas israelíes y el grupo libanés Hezbolá, aliado de Hamás en Gaza. Sin embargo, el conflicto escaló a una guerra abierta desde finales de septiembre, lo que obligó a Murad y su familia a huir de su hogar.
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La destrucción de hogares en el sur del Líbano no es un hecho aislado. Según la agencia libanesa ANI, en octubre las tropas israelíes destruyeron edificios en al menos siete pueblos fronterizos. Imágenes en redes sociales muestran incluso a un periodista israelí detonando explosivos junto a militares en estos sitios.
Entre las familias afectadas también está la de Lubnan Baalbaki, un jefe de orquesta de la Filarmónica de Líbano, cuyo hogar en Odaisseh, que albergaba una biblioteca y obras de arte, fue dinamitado. Baalbaki monitoreaba la situación con imágenes satelitales y teme que el mausoleo de sus padres haya sido destruido.
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La Comisión Nacional de Derechos Humanos de Líbano considera estos actos como crímenes de guerra, denunciando que se han destruido sistemáticamente lugares en al menos ocho aldeas. La ONG Legal Agenda también subraya que el derecho internacional prohíbe los ataques a objetivos civiles, una protección que parece haber sido ignorada en estos casos.
Fuente: RFI.
Foto: AFP.


