Los sondeos a boca de urna en las elecciones de Israel dan entre 31 y 33 escaños al partido Likud, del saliente primer ministro Benjamin Netanyahu, quien podría aspirar a un sexto mandato si el partido de derecha nacionalista Yamina acepta integrar su coalición de Gobierno.
Los ocho votos de la formación de Naftali Bennett podrían dar la llave a un nuevo Gobierno de Netanyahu, que junto a las bancadas obtenidas por sus aliados conservadores lograría 62 escaños, uno más de los necesarios para obtener la mayoría parlamentaria, informó el Jerusalem Post.
En concreto, las primeras encuestas dan al sionismo religioso siete escaños, nueve a los Shas ultraortodoxos y otros siete al Judaísmo de la Torá Unida de los 120 que tiene el Parlamento.
En tanto, las proyecciones de los medios israelíes sitúan al partido Yesh Atid, de su rival de centro Yair Lapid, segundo por detrás del Likud, con entre 16 y 18 escaños.
El bloque anti-Netanyahu alcanzaría 59 escaños, según el diario Haaretz. Si bien durante la campaña Bennett se mostró abierto a integrar una coalición con cualquiera de los dos bloques, diferentes analistas coincidieron en que las negociaciones para que el premier logre un nuevo mandato se anuncian arduas.
La cuarta elección en dos años, considerados un referéndum sobre la polémica figura de Netanyahu, fueron una muestra del cansancio de los votantes israelíes, reflejado en una participación del 60,9%, la cifra más baja desde los comicios de 2009.
Los boca de urna pusieron de manifiesto una ajustada puja entre dos bloques claramente definidos: los que apoyan un nuevo Gobierno encabezado por Netanyahu y los que quieren a «cualquiera menos Bibi», como se conoce al primer ministro israelí con más tiempo en el poder.
«Vote, vote», apeló Netanyahu al electorado tras depositar su sufragio en Jerusalén, acompañado por su esposa, Sara.
El premier nacionalista de derecha, líder del partido Likud, calificó las elecciones de «festival de democracia» y confió en que sirvan para poner fin a las recurrentes crisis y la parálisis política que arrastra el país desde abril de 2019.
Lapid, por su parte, dijo que los comicios eran «el momento de la verdad para el Estado de Israel», informó la agencia de noticias AFP.
«Aquí hay solo dos opciones: o Yesh Atid gana fuerza, o tendremos un Gobierno tenebroso, racista y homófobo», agregó, en alusión al Likud y sus aliados naturales, todos partidos de derecha o extrema derecha defensores de la colonización de Palestina.
La campaña estuvo marcada por el coronavirus y, sobre todo, por la figura de Netanyahu. El premier, de 71 años y en el poder desde 2009, se describe a sí mismo como un estadista sin rival en Israel, el único capaz de conducir al país y superar sus desafíos de seguridad y política exterior.
Netanyahu ha hecho campaña destacando la campaña de vacunación contra el coronavirus de Israel y acuerdos para normalizar relaciones que alcanzó el año pasado con cuatro países árabes.


