El crecimiento del contenido generado artificialmente redefine la experiencia digital y abre un debate sobre calidad, manipulación y atención.
Las redes sociales atraviesan una transformación acelerada por la expansión del contenido creado con inteligencia artificial. Imágenes absurdas, videos impactantes y escenas imposibles, generadas en segundos, se viralizan en plataformas como Facebook, YouTube y X, muchas veces sin que los usuarios adviertan su origen artificial.
Uno de los casos más notorios fue el de una imagen falsa de niños en situación de pobreza que acumuló casi un millón de reacciones. Ese tipo de publicaciones impulsó a Théodore, un estudiante francés, a crear una cuenta crítica dedicada a exponer lo que denomina “basura de IA”, un fenómeno que mezcla sentimentalismo, religión y escenas diseñadas para provocar impacto inmediato.
El avance tecnológico cuenta con el respaldo de grandes compañías. El director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, definió esta etapa como la “tercera fase” de las redes sociales, marcada por la creación y remezcla de contenidos mediante herramientas de IA. La empresa no solo permite estas publicaciones, sino que ofrece generadores de imágenes y videos integrados en sus plataformas.
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En paralelo, YouTube reconoció que más de un millón de canales utilizaron herramientas de IA en un solo mes. Aunque la plataforma afirma trabajar para reducir el contenido repetitivo o de baja calidad, estudios independientes estiman que una proporción significativa del material mostrado a cuentas nuevas ya corresponde a videos generados artificialmente.
Especialistas advierten efectos potenciales sobre la atención y la percepción pública. Investigadores como Emily Thorson y Alessandro Galeazzi sostienen que el consumo constante de material falso o exagerado podría disminuir la capacidad crítica y generar una suerte de “fatiga cognitiva”, especialmente cuando el contenido busca deliberadamente engañar.
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El problema trasciende el entretenimiento. En contextos políticos o de conflicto, los videos manipulados pueden influir en la opinión pública y distorsionar narrativas. Además, varias plataformas redujeron sus equipos de moderación y delegan en los usuarios la tarea de señalar contenidos engañosos.
Mientras tanto, crece la reacción de comunidades digitales que denuncian este tipo de publicaciones en los comentarios. Sin embargo, toda interacción —positiva o negativa— alimenta los algoritmos que priorizan aquello que genera mayor engagement.
La discusión de fondo es si la calidad y la autenticidad podrán imponerse frente al volumen y la velocidad de producción automatizada. Por ahora, la inteligencia artificial no solo crea contenido: está redefiniendo la cultura digital y la manera en que millones de personas consumen información.
Fuente: BBC.


