Ubicado en el norte de Inglaterra, el Museo Warley funciona dentro de una cabina telefónica roja modelo K6 y busca ingresar al Libro Guinness de los Récords. Su original propuesta lo transformó en un atractivo turístico y un emblema comunitario.
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En el corazón del pueblo de Warley, en el norte de Inglaterra, una tradicional cabina telefónica roja alberga uno de los museos más insólitos y encantadores del mundo. Se trata del Museo Warley, una iniciativa local que ha transformado este pequeño espacio en un símbolo de identidad comunitaria y preservación histórica.
La propuesta nació de la Warley Community Association (WCA), que decidió recuperar una de las emblemáticas cabinas británicas a través del programa ‘Adopt a Kiosk’ de BT, en respuesta al desuso creciente de estos dispositivos. Con un enfoque en la memoria colectiva y la historia local, el proyecto fue liderado por Eliana Bailey y Kathryn Gallagher, e incluyó el trabajo del ebanista Doug Bailey, quien adaptó la estructura para su nueva función como museo.
El interior de esta cabina modelo K6, fabricada en hierro fundido en 1936, fue cuidadosamente restaurado y acondicionado para contener vitrinas con fotografías antiguas, joyería, piezas de moda y documentos históricos. La cabina, ubicada frente al Maypole Inn, mantiene su color rojo característico y puede visitarse de forma libre durante el día, aunque solo una persona a la vez puede ingresar, dada su limitada capacidad.
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Las exposiciones se renuevan cada tres meses, lo que permite contar con una narrativa dinámica. Entre los elementos más llamativos se destacan los grabados de vidrio realizados por artistas locales y un mosaico en el suelo hecho con fragmentos encontrados en jardines del pueblo, lo que refuerza el sentido de pertenencia que transmite el museo.
Desde su inauguración el 8 de octubre de 2016, el Museo Warley ha recibido una gran acogida tanto de visitantes como de medios. Ha sido presentado en programas de la BBC, mencionado por The Telegraph y Conde Nast Traveller, y recientemente postuló para ser reconocido por el Libro Guinness de los Récords como el “museo más pequeño del mundo”.
En un contexto donde muchas cabinas telefónicas son reconvertidas en bibliotecas o puestos de servicios comunitarios, Warley apostó por la memoria y el arte. Esta original apuesta lo ha transformado en un destino emergente, atrayendo turistas curiosos y entusiastas de los espacios alternativos.
Fuente y foto: Infobae


