Nacido en 1888 en el este de Polonia, Leiser Madanes arribó a la Argentina en 1912 con la aspiración de progresar. Sus primeros pasos fueron como vendedor ambulante en el barrio porteño de Once, donde comercializaba “capotines”, impermeables de hule. El contacto con el caucho resultó decisivo: ese material se transformaría en la base de un emprendimiento industrial que marcaría la historia productiva argentina del siglo XX.
En 1932 instaló “Casa Madanes” sobre la avenida Corrientes, en una manzana emblemática del barrio. Desde allí amplió la fabricación de telas engomadas y otros derivados del caucho. El contexto internacional jugó un papel central: durante la Segunda Guerra Mundial el hule se convirtió en un insumo estratégico, clave para la industria bélica y, especialmente, para la producción de neumáticos, tecnología que se había perfeccionado desde la vulcanización descubierta por Charles Goodyear.
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Con capital de su empresa comercial, en 1940 nació FATE —acrónimo de Fábrica Argentina de Telas Engomadas— en una pequeña planta del barrio de Saavedra. Cinco años después comenzó a fabricar neumáticos y cámaras para autos y camiones, en un mercado hasta entonces dominado por talleres de baja escala. El crecimiento se aceleró tras la guerra, cuando la modernización industrial en Estados Unidos facilitó la compra de equipamiento más avanzado.
El gran salto llegó en los años 60, con la construcción de la planta de San Fernando y la consolidación del régimen de promoción automotriz durante la presidencia de Arturo Frondizi. En 1969, la compañía produjo el primer neumático radial fabricado en el país. En paralelo, la familia Madanes impulsó nuevos proyectos industriales, entre ellos Aluar, la única productora de aluminio primario de la Argentina, cuyo desarrollo estuvo atravesado por alianzas empresarias y políticas.
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Tras la muerte temprana de Leiser Madanes en 1949, la empresa quedó en manos de sus hijos y décadas más tarde fue reestructurada por su nieto, Javier Madanes Quintanilla. Bajo su conducción, FATE superó crisis internas y externas y alcanzó niveles récord de producción, superando los 15 millones de neumáticos anuales hacia 2015. De aquel vendedor ambulante que recorría Once con impermeables de hule surgió un conglomerado industrial que dejó huella en la economía argentina.
Fuente: La Nación.


