Nuevas investigaciones revelan que el sistema nervioso periférico tiene un rol clave en funciones cognitivas, emocionales e inmunológicas, desafiando el modelo tradicional centrado en el encéfalo.
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La neurociencia está atravesando una revolución conceptual. Durante décadas, el modelo dominante posicionó al sistema nervioso central (SNC), compuesto por el cerebro y la médula espinal, como el único regulador de funciones cognitivas, emocionales y fisiológicas, relegando al sistema nervioso periférico (SNP) a un rol secundario. Sin embargo, estudios recientes desafían esta visión, revelando una red neuronal integrada que trasciende la estructura jerárquica tradicional.
Investigaciones han demostrado que las neuronas periféricas no son meros transmisores de información, sino que participan activamente en procesos sensoriales, emocionales e incluso inmunológicos. Un claro ejemplo es el sistema nervioso entérico (SNE), apodado el «segundo cerebro», que cuenta con 500 millones de neuronas y regula la digestión de forma autónoma, interactuando con el SNC mediante el nervio vago y neurotransmisores como la serotonina, de la cual un 90% se produce en el intestino.
Otro hallazgo relevante es el papel del sistema nervioso autónomo (SNA), que permite que neuronas en órganos como corazón y pulmones procesen señales sin órdenes cerebrales directas. De hecho, las neuronas cardíacas regulan ritmos eléctricos vinculados a estados emocionales como la ansiedad y la depresión, abriendo nuevas perspectivas sobre los llamados trastornos psicosomáticos.
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Además, los avances en neurociencia han redefinido la percepción del dolor y la propiocepción. Los nociceptores (receptores del dolor) no solo transmiten señales, sino que modulan la percepción del dolor y pueden desarrollar una especie de memoria de lesiones previas, lo que podría explicar síndromes de dolor crónico difíciles de tratar. Por otro lado, los propioceptores, encargados de la percepción espacial y el equilibrio, han demostrado realizar un procesamiento local clave para el movimiento.
La interacción entre el sistema nervioso y el sistema inmunológico también ha cobrado relevancia. Neuronas y células inmunitarias se comunican a través de neurotransmisores y citocinas, modulando la inflamación y respuestas inmunológicas. Este vínculo es clave en enfermedades autoinmunes y podría ser la clave para entender la influencia del estrés crónico en trastornos inflamatorios.
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El impacto de este cambio de paradigma es profundo en el abordaje de trastornos neurológicos y psiquiátricos. Enfermedades como Parkinson y Alzheimer han sido vinculadas a alteraciones en el sistema nervioso entérico años antes de manifestarse a nivel central. Síndromes como la fibromialgia y la fatiga crónica, antes considerados psicosomáticos, hoy se asocian con disfunciones en el sistema nervioso periférico.
En conclusión, la neurociencia está dejando atrás un modelo centralizado y jerárquico para adoptar una visión más integrada y dinámica del sistema nervioso. Este cambio de paradigma impulsa nuevas estrategias terapéuticas que consideran la totalidad del sistema nervioso, promoviendo tratamientos más efectivos y personalizados para múltiples condiciones de salud.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


