Escobas inteligentes, sensores en el hielo y calzado asimétrico potencian el rendimiento en uno de los deportes estrella de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Con la llegada de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina 2026, el curling vuelve al centro de la escena. Más allá de la destreza táctica y física de los competidores, el crecimiento de la disciplina en los últimos años está estrechamente ligado a la incorporación de tecnología avanzada.
Uno de los elementos clave son las piedras de granito escocés, extraídas casi exclusivamente de la isla de Ailsa Craig. Estas piezas, con peso reglamentado y alta resistencia a la humedad y las grietas, se deslizan sobre una pista de hielo monitoreada con sensores que controlan temperatura, nivel de aire y condiciones ambientales en tiempo real.
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Las escobas también evolucionaron. Fabricadas con fibra de carbono o materiales compuestos, priorizan el equilibrio entre ligereza y resistencia para optimizar la transferencia de energía durante el barrido. Algunos modelos de alta gama pesan menos de 300 gramos e incorporan diseños que reducen la fatiga y mejoran el control de la trayectoria.
El calzado es otro diferencial técnico. Cada jugador utiliza dos zapatos distintos: uno con suela deslizante de teflón o acero para facilitar el impulso, y otro con base de goma reforzada para garantizar estabilidad. Los deslizadores intercambiables permiten ajustar la velocidad y personalizar el rendimiento según el estilo de juego.
Además, el uso de microchips y sistemas de medición digital permite analizar la potencia del lanzamiento y ajustar estrategias en tiempo real. Esta combinación de tradición y tecnología explica por qué el curling se consolidó como uno de los deportes más atractivos del calendario olímpico invernal.
Fuente: WIRED.
Foto: Milano Cortina 2026.


