jueves 25 abril 2024

La voz del pueblo en contra de la megaminería, un ruido molesto para la clase política

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Actualizado: 10:53 25/04 | downtack.com

Por Edgardo Lillo.

Pocas veces, casi nunca o nunca en la Legislatura del Chubut un presupuesto del Estado, que prevé un derrame de más de 121 mil millones de pesos para 2020, había sido aprobado con un tratamiento tan escueto, prácticamente inexistente y por tratarse de una sesión extraordinaria, sin siquiera un análisis en comisión.

El oficialismo impuso este viernes la mayoría para aprobarlo sobre tablas, sólo con las explicaciones que el día anterior había dado el ministro de Economía y Crédito Público, Oscar Antonena, que por supuesto fueron insuficientes para la oposición.

El debut de la nueva composición legislativa no fue el más decoroso y tampoco mostró el consenso del que se había hablado después de que se confirmara el alineamiento del gobernador Mariano Arcioni de Chubut al Frente con el presidente de la Nación, Alberto Fernández, del justicialista Frente de Todos.

Es más, la presidenta del bloque del Frente de Todos, Adriana Casanova, salió refunfuñando porque el oficialismo provincial les enrostró la mayoría y aunque la diputada mackarthysta Belén Basckov y el radical de Cambiemos, Manuel Pagliaroni, hayan reclamado la lectura de los principales proyectos –además del presupuesto, el del Pacto Fiscal- el presidente de la cámara, Ricardo Sastre, los puso a votación “de un periquete”, lo mismo que a otros 10 puntos.

Sólo los pliegos del doctor Andrés Giacome como Fiscal de Estado y Javier Touriñán como presidente de Petrominera tuvieron el acompañamiento unánime de los diputados.

Pero además, si bien estaba claro que en la sesión extraordinaria de este viernes la cuestión megaminera no iba a tener tratamiento, la presidencia de la Legislatura estableció un virtual “derecho de admisión” para los representantes de la Unión de Asambleas Ciudadanas, a los que se les prohibió el ingreso al recinto en una sesión pública.

Un secretario legislativo les llevó el Orden del Día y se los entregó a los manifestantes, vallado de por medio, acompañado por un obsceno operativo policial, que también custodió a los legisladores en su retirada de la cámara, en medio de abucheos e insultos de los vecinos.

La camioneta del vicegobernador Ricardo Sastre se retiró custodiada con tres camionetas VW Amarok de la División Infantería, con una decena de uniformados en cada una de las cajas, con rostros cubiertos, cascos y armas antitumultos, en un despliegue que el día anterior había diseñado el ministro de Seguridad, Federico Massoni.

Momentos antes, les habían prometido a los asambleístas gestionar su presencia en las barras, mientras los diputados avanzaban velozmente en el desglose del temario hasta alcanzar el inusitado récord de 20 minutos para finalizar una sesión extraordinaria de 13 puntos, en la que no existió el debate y sí el bullicio que generaron los miles de manifestantes en defensa del agua.

LA ALARMA SIGUE ENCENDIDA

Sobradas razones tienen las asambleas de mantenerse alerta todo el tiempo para no llevarse ninguna sorpresa mayúscula con una Legislatura a esta altura impredecible.

Este viernes el vicegobernador Sastre relacionó a los asambleístas con los destrozos y el incendio del edificio  legislativo para fundamentar su no ingreso al recinto. Y advirtió que no tolerará posiciones autoritarias: “El No por el No mismo” o el “Si por el Sí mismo. No escucho a los que le dicen No a la Minería que le digan No a las Drogas”, argumentó.

Como muchos otros funcionarios políticos pidió debatir, aunque cuando se habla de debate pareciera que en realidad hubiera una posición solapada a favor de la explotación megaminera, como si la sociedad chubutense no hubiera debatido antes, durante y 16 años después del histórico plebiscito de Esquel, el que le dio vida a la ley 5.001, y no hubiera expresado una postura que lejos de debilitarse, parece cada vez más robustecida, pese a las circunstancias.

Por el contrario, en la propia casa de las leyes, la 5.001 que las asambleas defienden a capa y espada, parece estar en un permanente estado de fragilidad, boicoteada por propios y ajenos, mucho más cuando en noviembre de 2014 la cámara dio vuelta la Iniciativa Popular, que pretendía darle un corte definitivo a la megaminería.

Lejos de la panacea, los vecinos fueron entrampados en una escandalosa sesión en la que además de darle vuelta el proyecto, se encontraron con un diputado oficialista recibiendo directivas mineras a través de su celular, vía mensaje de texto. El primer lobbysta en rendir la tesis a la vista de todos. Meses después esa fraudulenta ley fue derogada.

Sin embargo, a esa altura ya el gobierno nacional de Mauricio Macri ya presionaba para que Chubut habilitara diferentes proyectos mineros, el de Panamerican Silver a la cabeza.

Las asambleas pasaron otros cuatro años resistiendo los permanentes embates de la compañía canadiense, siempre bondadosa y dispuesta en diferentes proyectos de beneficencia, sobre todo para las comunidades de la Meseta, a donde se concentra el mayor interés por los yacimientos de oro y plata.

POR AÑADIDURA

El Proyecto Navidad de Panamerican Silver que pretende explotar uno de los yacimientos de plata más importantes del continente, además de oro y otros minerales, es el más significativo, pero no el único que podría convertir a la extensa región rural de Chubut en zona de sacrificio.

La explotación del uranio, cuyo objetivo estratégico está planteado en la Constitución, a la que los defensores de la minería invocan como único caso (la Constitución también indica que cuando se logra un estándar ambiental como el que permitió la Ley 5.001 no se puede volver hacia atrás, lo que se conoce en la legalidad como principio de no regresión), también es un afán de varias compañías extranjeras.

Entonces se intenta desacreditar a los asambleístas con el argumento de que confunden la Cuenca de Sacanana con el Río Chubut y que ambas no están conectadas, aunque tampoco existan estudios realmente ciertos.

Pero aun cuando ambas cuencas no estuvieran conectadas, está claro que en la Cuenca de Sacanana podrían consumirse millones de litros de agua por día para la explotación del proyecto Navidad y al mismo tiempo la gran mayoría de los proyectos de uranio atraviesan transversalmente el Río Chubut, lo que está incluso claramente demostrado en un estudio de una operadora rusa que pretendía invertir en el territorio chubutense.

Efectivamente, entonces, un sector político contaminado por la ambición sumados a los facinerosos de siempre pretenden poner en peligro el recurso hídrico por excelencia de una zona que aún así está muy comprometida por los efectos del cambio climático.

En la historia del colonialismo, precepto incorporado después al capitalismo, el país colonizador necesitó siempre una clase funcional para someter a la Nación colonizada. Y si no se aprende de los errores, la historia se repite.

TODO ES IGUAL, NADA CAMBIÓ

La llegada de Alberto Fernández a la presidencia de la Nación potenció aún el interés minero en Chubut, en coincidencia con el avance de Mendoza que, totalmente movilizada por la derogación de la ley que prohibía el uso de químicos en la actividad minera en medio de la emergencia hídrica, logró que el gobernador radical Rodolfo Suárez diera marcha atrás este viernes con la nueva iniciativa.

Las asambleas de Mendoza fueron una copia fiel de la lucha de hace 16 años en Chubut y el fuerte rechazo social terminó por torcerle el brazo al poder político, en principio funcional a las corporaciones mineras, pero después garantista de la paz social.

Hubiera sido igual de angustiante dejar en suspenso la ley lograda por el oficialismo con el escandaloso respaldo del bloque peronista porque indudablemente generaba un vacío legal que les hubiera otorgado derechos a las mineras.

Y lo temerario es precisamente otorgarles esas licencias, políticas y sociales, porque una vez que la logran, la legalidad solo funciona para las corporaciones, que se apoderan absolutamente de los recursos y de sus réditos.

Sin embargo, nada parece ser definitivo, aunque la batalla ganada por el pueblo mendocino hace apenas algunas horas genera otro precedente valioso en la posición de la ciudadanía chubutense.

“Ya hemos logrado habilitar los proyectos para explotar el oro y la plata en Chubut”, anunció abiertamente el Presidente la semana pasada ante un grupo de empresarios, con lo que aseguró que “será un derrame de riqueza”.

Sigue siendo imposible desde todo punto de vista creer que haya un derrame de riqueza cuando el concesionario se llevará el 97 por ciento de las ganancias y el dueño del recurso, la Provincia y todos sus habitantes, se quedarán sólo con el 3 por ciento y muy posiblemente con un desastre ambiental inimaginable.

Chubut ya está inmersa en un desastre financiero y económico que paradójicamente la convierten en “tierra fértil” para el desarrollo minero. Una Provincia quebrada y saqueada, y con sus principales actividades industriales, todas capitalizadas y bien explotadas por el sector privado, pero que generan una renta que alcanza cada vez menos para sostener un Estado desproporcionado, burocratizado al máximo y sin capacidad de respuestas para sus obligaciones esenciales.

En el caso puntual de la zona rural, quedaron materias pendientes de varias décadas. Incluso ni siquiera la onerosa inversión minera garantiza hoy el asfalto de algunas de las dos rutas que conectan el Valle con la Meseta, la N° 4 desde la Ruta Nacional N° 3 a la altura de Madryn hasta Gastre, pasando por Telsen y Gan Gan (450 kilómetros) o la Ruta 11, desde el cruce con Ruta 25 a la altura de Las Chapas hasta Gastre (unos 320 kilómetros), pasando por Bajada del Diablo, Chacay Oeste y Gan Gan, donde precisamente se unen ambas vías provinciales. Tampoco se garantiza la construcción de un hospital zonal que brinde respuestas a las enfermedades que genera la actividad minera. Posiblemente de esas cosas se tenga que hacer cargo el Estado, con el 3 por ciento de la renta.

Esta falta de visión estratégica de la ruralidad, sin planes serios para la recuperación ganadera o incluso el desarrollo agrícola con semejante cantidad de agua subterránea (que sirve para las plantaciones que uno quiera porque es la que han utilizado ya varias generaciones del campo), hace que muchos lobbystas se suban al caballo de la megaminería con la cómoda montura de la necesidad y del desempleo. También con una visión básica de que se trata de una actividad industrial muy similar a la petrolera y que si no es Panamerican Silver vendrán otros por el oro y por la plata.

Es increíble que hablen de “visión estratégica” cuando los lingotes de oro y plata irán a parar, en un 97 por ciento, a la bóveda de un cualquier banco internacional como reservas, o para alimentar en todos casos otras industrias extranjeras.

Se califica a los antimineros de “fundamentalistas” y “obtusos”, al mismo tiempo que se les reprocha que dejen de utilizar aparatos celulares y electrónicos, cuando en realidad la industria minera solo provee el 2 por ciento de los insumos para esos productos, que dicho sea de paso, ya están sobrando en el mundo, tanto que en cientos de países, China por ejemplo,  los reciclan. Estaría de más decir que Argentina es un mínimo consumidor en comparación con muchos otros países de Europa, Asia, América del Norte mismo y también Brasil.

FUERA DE CONTROL

Hace muy poco tiempo el ex diputado provincial y flamante presidente de Petrominera, el ingeniero Javier Touriñán, sostuvo muy suelto de cuerpo que “la discusión no pasaba por la minería, sino por los controles”.

En el mismo sentido, otro avezado funcionario, originalmente radical cuyas iniciales son Gerardo Bulacios, afirma cada vez que puede que “el agua en la meseta sobra”.

Habría que contactar al funcionario con el productor de la línea sur de Chubut al que hace unas pocas horas le robaron gran parte de la zafra lanera. Desolado, el sacrificado hombre indicaba que lo más importante del gasto anual se lo demandaba el transporte de agua desde el Dique Ameghino hacia su campo. Era la única manera de sostener su producción. Estos casos abundan.

En términos de ruralidad, también hace bastante tiempo que ningún área relacionada con la fauna, el ambiente y la ganadería han podido abordar y controlar el crecimiento desproporcionado de una especie autóctona, en algún momento en peligro de extinción, pero ahora celosamente protegida como el guanaco, un competidor directo de la oveja por el pasto y el agua, aunque con patas y cuello más largos para desplazar a los ovinos de un topetazo.

Hoy la caza y la comercialización es una actividad ilícita, aunque se practique igual, pero no hay una estrategia concreta ni de caza ni de control del guanaco para atenuar los efectos que tiene sobre las majadas.

Ni hablar del zorro, del puma, del gato montés y hasta del jabalí, depredadores incontrolables e impiadosos: “si te descuidás, un zorro ya te mata un cordero en el potrero, y una hembra de puma con cría te mata cinco, seis ovejas de un viaje, sólo por instinto”, graficó un poblador que indudablemente como tantos otros se sienten desprotegidos, a la buena de Dios, viendo como sus majadas se reducen drásticamente.

Vapuleada y ninguneada, la ganadería no podría competir bajo ningún punto de vista con la minería y sus explosiones constantes. Todo lo contrario, podría ser el golpe letal para la destrucción definitiva de ese entramado productivo.

El mismo ejemplo podría utilizarse con los cientos de cajones y otros residuos que los barcos pesqueros arrojan de manera indiscriminada en todo el litoral costero, una postal que muestra la impunidad con la que se manejan algunas industrias.

Si no se puede controlar eso, si no hay estrategias para proteger un sector sensible y tradicional como el campo, la pregunta del millón o de la mayoría de los 600 mil chubutenses es cómo se pretende controlar a la megaminería. La respuesta es obvia, sería incontrolable.

En términos del agua como recurso esencial, ha bastado que el Río Chubut venga con ciertos niveles de turbiedad para que todas las ciudades del Valle, carentes de infraestructura, se queden sin el servicio básico. Lo mismo pasa en Comodoro con la rotura frecuente del acueducto o incluso en la Comarca Andina, en el límite con Río Negro, donde reclaman una inversión de 10 millones de pesos para una obra de agua potable.

¿Cabe en la cabeza de algún ciudadano de bien poner en riesgo la vida o la existencia de nuestras comunidades? ¿Es en serio que el No de miles de vecinos es el No por el No mismo?

PONERSE A PRODUCIR

Hace pocas el secretario de la Agencia de Desarrollo Productivo de la Municipalidad de Trelew, Hugo Schevemmer, indicó que el Valle del Chubut produce sólo el 30 por ciento de lo que consume la zona, cuando preparaban un sobrante de 1.500 kilos de cerezas para repartir en barrios carenciados.

Aunque el dato no sea novedoso, más bien reiterativo, los estados, provinciales y municipales en primer término, no logran generar actividades fuera de las ya existentes que pongan a la gente a trabajar, pero principalmente a producir, ya sea a través de políticas directas o de gestiones que permitan inversiones privadas.

Así el Estado está abarrotado de agentes públicos; enviciado, improductivo, insaciable, donde el despilfarro sigue siendo moneda corriente. Semejante a un organismo vivo afectado por parásitos que ya provocaron su enfermedad.

Esta insostenible situación provoca que la clase política, a simple vista responsable de causar o no evitar el avance de la patología, esté dando algunos manotazos de ahogado, y en la desesperación aliente alternativas nefastas como la explotación megaminera.

El Estado es un permanente mal ejemplo de administración. No sólo gasta más de lo que debe, sino que sigue gastando cada vez más y generando cada vez menos. La falta de medidas drásticas y coherentes hace que la bola de nieve sea cada vez más grande.

Sin embargo y a modo de ejemplo, basta con comparar la flota de vehículos en el subsuelo de la Legislatura y el rédito que generan los diputados con el uso de automóviles, sin contemplar las sustanciosas “dietas”, para darse cuenta que algo no estaría cuadrando.

Hay una Provincia desangrada, pero lejos de evitar la hemorragia, algunas decisiones podrían agravarla aún más.

En el campo, cuando se sacrifica un animal y se lo desangra, se puede aprovechar hasta la sangre para producir alimentos que, tal vez no sean aceptados en la cotidianeidad ciudadana, pero que no dejan de ser sabrosos y nutritivos.

También se aprovechan algunas viseras ya sea para consumo humano o para los perros que sirven en las tareas rurales, previo hervor. El cuero también sirve de gran utilidad. O sea que se aprovecha todo o casi todo y entonces el sacrificio tiene sentido.

Este no parece ser el ejemplo de Chubut y un eventual desarrollo minero, mucho más cuando habrá un cruel atropello sobre la naturaleza y sus ciclos. Pero además del daño ambiental, habrá otros efectos colaterales en lo social, en lo cultural, en lo ético, en lo tradicional.

En líneas generales, habría que evitar que la sangre no llegue al río, aunque hasta sucede con el volcado de algunos frigoríficos sin que tampoco haya un control efectivo.

El sentido común, ese que generalmente configura la percepción, indica inexorablemente que el agua vale más que el oro. No parece haber otro pensamiento, otra creencia, más genuina que esta. Y por si fuera poco, para los que hablan y se sirven de la democracia, es una posición adoptada y abrazada por la mayoría después de tantos años de lucha titánica y de un esfuerzo supremo para sembrar consciencia. Entonces simplemente, será cuestión de respetar una decisión ya tomada, aunque mal les pese a muchos…

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