Aunque muchas parecen inofensivas, existen plantas que pueden convertir un paseo por la naturaleza en una experiencia dolorosa e incluso mortal. En distintos rincones del planeta —desde América hasta Oceanía— crecen especies que esconden potentes toxinas capaces de provocar desde irritaciones leves hasta la muerte. La Enciclopedia Británica advierte que conocerlas puede ser la diferencia entre la precaución y una emergencia médica.
El manzanillo de la muerte (Hippomane mancinella) encabeza la lista de las más peligrosas. Presente en Florida, el Caribe y América Central, su fruto se asemeja al de un manzano, pero contiene toxinas tan letales que una sola mordida puede ser fatal. Incluso la lluvia que cae sobre sus hojas arrastra químicos que provocan quemaduras al contacto con la piel.
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En América del Norte, tres especies comunes —la hiedra venenosa, el zumaque y el roble venenoso— contienen urushiol, un aceite que desencadena dermatitis severas. Basta rozarlas para sufrir picazón, ampollas y enrojecimiento. El compuesto puede permanecer en ropa, herramientas o animales durante días, extendiendo el riesgo de contagio.
Otras plantas, como la ortiga común y el apio gigante o hogweed, provocan reacciones intensas. La primera causa ardor por sus pelos urticantes, mientras que el hogweed libera una savia que, combinada con la luz solar, puede generar ampollas y riesgo de ceguera. En Australia, el gympie gympie es considerado uno de los vegetales más dolorosos del planeta: su contacto produce un dolor tan agudo que puede persistir por meses.
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El listado lo completa el pain bush africano, cuya savia lechosa produce sarpullidos y ampollas. Aunque algunos muestran resistencia natural, la mayoría sufre reacciones intensas. Los expertos recomiendan vestir ropa protectora y conocer las especies locales antes de aventurarse al aire libre: un simple roce puede desencadenar consecuencias devastadoras.
Fuente: Infobae.


