Max Verstappen no logró su quinto título mundial en 2025, pero dejó en claro que sigue siendo el mejor piloto de la Fórmula 1. El neerlandés perdió el campeonato por apenas dos puntos frente a Lando Norris, luego de una temporada épica en la que fue el máximo ganador del año, con ocho triunfos, y protagonizó una remontada histórica.
Tras el Gran Premio de Países Bajos, Verstappen llegó a estar 104 puntos por detrás del líder del campeonato, una diferencia que parecía definitiva. Sin embargo, desde el regreso del receso europeo, el tetracampeón mostró su mejor versión: no se bajó del podio, ganó seis carreras y llegó a la última fecha en Abu Dhabi con chances reales de coronarse.
La reacción de Max no fue casual. Red Bull atravesó una profunda crisis interna, marcada por la salida de Adrian Newey y el posterior despido de Christian Horner tras el GP de Gran Bretaña. En ese contexto, la llegada de Laurent Mekies como nuevo jefe de equipo ordenó la estructura y devolvió la calma en Milton Keynes.
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El RB21 había nacido con serios problemas aerodinámicos, especialmente en circuitos de media y baja velocidad, pero las mejoras introducidas a partir de Monza cambiaron el rumbo. Verstappen, incluso, tuvo un rol clave en el desarrollo técnico del auto, demostrando una vez más su influencia total dentro del equipo.
Pese a no quedarse con el título, el neerlandés cerró el año con actuaciones sobresalientes y sostuvo la pelea prácticamente en soledad, sin un compañero que pudiera aportar puntos de peso frente al dúo de McLaren. Perder un Mundial por dos unidades no borra una temporada extraordinaria, coinciden en el paddock.
Con la mirada puesta en 2026, cuando debutará la nueva normativa técnica, Verstappen cedió la corona, pero no el trono. Si Red Bull vuelve a construir un auto competitivo, pocos dudan de que el neerlandés irá nuevamente por la cima de la Fórmula 1.


