Fue en la catedral, donde el mototiclismo mundial tiene asistencia perfecta desde 1949, donde Yamaha pudo resurgir.
Hacía varias décadas que la marca japonesa no tenía una sequía tan prolongada en una temporada. Tuvieron que pasar ocho carreras en el 2019 para poder apretar los puños, mirarse la cara entre todos y sentir el desahogo.
Mucho más para el español Maverick Viñales, que lució aliviado, y lógicamente eufórico, después de un triunfo autoritario, inobjetable, pese a que cometió tres errores que lo hicieron pasar de largo.
En uno de ellos, su catedrático compatriota, Marc Márquez, aprovechó para pasar al frente, pero fue un espejismo, por pocas curvas, porque como un disparo, Viñales volvió enseguida a los escapes y en otro abrir y cerrar de ojos recuperó la punta de la carrera.

El más rápido del sábado, al joven francés Fabio Quartararo, con otra Yamaha no oficial, ya había resistido unas 20 vueltas en la vanguardia, pero se terminó resignando y cuidando el tercer lugar, que le dio el segundo podio consecutivo.
Detrás, las Ducati de Dovizioso y Petrucci luchaban entre sí, aunque en un momento se les metió en el medio Jhon Mir con la mejor Suzuki (al final fue octavo) y al final, Fabio Morbidelli (Yamaha) superó a Petrucci y quedó quinto, en el trio de italianos del cuarto al sexto lugar.
Pero pese a la alegría de Yamaha, Márquez se llevó puntos gordos de Assen y se encamina al sexto título, justo cuando se cumplen los 60 años de la creación de Honda.
El de Cervera tiene 160 puntos y una diferencia de 44 sobre Dovizioso (116) que lo mantienen en absoluta soledad en la cima del campeonato. Petrucci, que se dejó superar por Morbidelli, es el tercero con 108.




