El rover de la NASA identificó una roca brillante y fuera de lo común en el cráter Jezero. Los primeros análisis revelan una composición metálica poco frecuente en Marte, lo que apunta a un origen meteorítico y abre nuevas líneas de investigación.
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El robot Perseverance de la NASA sumó un nuevo capítulo a su misión científica al detectar una roca con características inusuales en la superficie de Marte, cerca del borde del cráter Jezero. El hallazgo llamó la atención del equipo científico por el brillo del objeto y por su fuerte contraste con el terreno marciano, generalmente opaco y cubierto de polvo. La roca fue bautizada como Phippsaksla, y su análisis preliminar indica niveles excepcionalmente altos de hierro y níquel, elementos que no suelen encontrarse en cantidades significativas en las rocas nativas del planeta rojo.
El instrumento SuperCam, equipado con un láser capaz de examinar materiales a distancia, permitió identificar la composición química del objeto sin necesidad de contacto directo. Los datos obtenidos refuerzan la hipótesis de que se trataría de un meteorito, posiblemente un fragmento del núcleo de un asteroide antiguo que terminó su viaje en Marte tras millones de kilómetros en el espacio. Este tipo de configuración metálica coincide con meteoritos hallados previamente por misiones como Curiosity, Opportunity y Spirit, aunque es la primera vez que Perseverance encuentra un ejemplar similar en su zona de exploración.
La ubicación de Phippsaksla añade aún más interés: la roca se encuentra asentada sobre un lecho alterado por un impacto previo, lo que podría ayudar a reconstruir los procesos geológicos locales. Según la NASA, cada nuevo descubrimiento de este tipo permite comprender cómo interactúan los meteoritos con la superficie marciana y aporta pistas sobre la historia del planeta.
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El hallazgo también subraya la relevancia de la misión Perseverance, diseñada para buscar señales de vida microbiana pasada y recolectar muestras de roca para su futuro envío a la Tierra. Equipado con siete instrumentos científicos, un brazo robótico de más de dos metros y un taladro especializado, el rover se mantiene como un actor central en la exploración marciana de cara a la futura presencia humana prevista para la década de 2030.
Mientras el análisis continúa para confirmar el origen exacto de Phippsaksla, los especialistas destacan que cada muestra estudiada ayuda a profundizar en el conocimiento de los procesos espaciales y en la evolución del planeta rojo. Este nuevo hallazgo podría convertirse en una pieza clave para comprender cómo los cuerpos celestes han influido en la superficie marciana a lo largo de miles de millones de años.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


