El artista infantil cordobés protagonizó uno de los momentos más emotivos del festival al reunir a jóvenes adultos que crecieron con sus canciones. El show combinó nostalgia, humor y clásicos que marcaron a varias generaciones.
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El paso del tiempo puede transformar a un niño que cantaba el Chu Chu Ua frente al televisor en un joven adulto que corre entre escenarios de un festival internacional. Algo de esa nostalgia colectiva se vivió en el espacio Kidzapalooza del Lollapalooza Argentina 2026, donde el histórico artista infantil Piñón Fijo ofreció un show que conectó a distintas generaciones.
El espectáculo se desarrolló en el predio del Hipódromo de San Isidro, sede habitual del festival desde hace más de una década. Allí, el payaso cordobés convocó no solo a familias con niños pequeños, sino también a jóvenes de veinte y tantos años que crecieron viendo su programa y aprendiendo sus canciones.
El público fue tan diverso como inesperado. Entre los asistentes se mezclaban millennials con remeras de artistas como Lana Del Rey o Tyler, The Creator, seguidores del rock clásico con prendas de Guns N’ Roses, madres jóvenes con sus hijos y adultos que también revivieron parte de su infancia.
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Minutos antes de las 19, el espacio Kidzapalooza cambió su fisonomía: lo que parecía un show infantil terminó convirtiéndose en una reunión generacional de los llamados “piñoncitos que ya crecieron”. Muchos de ellos corearon canciones que marcaron su infancia, demostrando que el repertorio del artista sigue vigente.
Durante el espectáculo, Piñón Fijo desplegó su estilo característico de animador y maestro de ceremonias, combinando humor, interacción y un cancionero cargado de mensajes educativos. El show incluyó referencias a la fauna autóctona, como el ñandú —al que recordó que el pueblo mapuche denomina choique— y dinámicas de memoria colectiva con clásicos infantiles como Manuelita la Tortuga y La Gallina Turuleca.
El artista también invitó al público a reconstruir versos de su canción El saxo cloacal, demostrando que incluso los espectadores adultos conservan intacta la memoria musical de su infancia.
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El espectáculo sumó además la participación de personajes emblemáticos de su universo artístico, como el pajarito Kenchu y el Cabrito, quienes aportaron momentos humorísticos y musicales que reforzaron el clima festivo.
La convocatoria terminó confirmando el acierto de los organizadores del festival al incluirlo en la programación. La respuesta del público fue tan intensa que el propio artista no ocultó su emoción al finalizar el show.
“Estoy flotando, te juro”, expresó el músico tras bajar del escenario, visiblemente conmovido. Según explicó, si bien está acostumbrado a presentarse ante audiencias adultas, la experiencia de reencontrarse con seguidores que crecieron con su música resultó especialmente significativa.
El paso de Piñón Fijo por el Kidzapalooza dejó así una de las escenas más emotivas del festival: miles de jóvenes adultos cantando canciones infantiles que, décadas después, siguen funcionando como un puente directo hacia la memoria y la alegría de la infancia.
Fuente y foto: La Voz


