Una investigación con más de 10.000 adolescentes detectó mayores riesgos de depresión, obesidad y problemas de sueño en quienes reciben su primer teléfono a los 12 años.
Un nuevo estudio publicado en Pediatrics volvió a encender el debate sobre la edad adecuada para entregar el primer smartphone. Según la investigación, realizada por el Children’s Hospital of Philadelphia junto con universidades de California y Columbia, los adolescentes que reciben su dispositivo a los 12 años muestran más probabilidades de sufrir depresión, obesidad y falta de sueño.
El análisis incluyó datos de más de 10.000 participantes del estudio estadounidense ABCD, considerado el seguimiento más amplio sobre desarrollo cerebral infantil. Los investigadores observaron que quienes tenían su primer teléfono a los 12 o 13 años presentaban más señales de malestar emocional y descansaban peor que quienes aún no contaban con un dispositivo propio.
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Los especialistas remarcaron que estos resultados se mantuvieron incluso después de ajustar factores como el nivel socioeconómico y la supervisión parental. Además, destacaron un punto clave: el estudio no analizó cómo usaban los chicos sus teléfonos, sino el impacto de tener uno a esa edad. “Cuando le das un teléfono a tu hijo, debés considerarlo como algo importante para su salud”, señaló el autor principal, Ran Barzilay.
Aunque los investigadores no proponen prohibir los smartphones, advierten que la adolescencia temprana es una etapa especialmente sensible. Entre las recomendaciones para las familias destacan limitar el uso nocturno, establecer reglas claras en casa y revisar juntos los contenidos y la privacidad. El contexto muestra la magnitud del fenómeno: en 2024, el 95% de los adolescentes estadounidenses ya tenía un teléfono inteligente.
Si bien el estudio no fija una edad ideal, sí sugiere que recibir el primer smartphone demasiado temprano puede asociarse con efectos negativos. La investigación futura buscará precisar qué hábitos digitales son más riesgosos y cuáles pueden ser beneficiosos. Mientras tanto, el debate continúa creciendo en hogares, escuelas y sistemas educativos.


