La producción de petróleo en cuencas maduras como la del Golfo San Jorge atraviesa una crisis estructural, marcada por altos costos operativos y una caída sostenida de los volúmenes extraídos. Un informe del economista Alejandro Jones revela que, con un precio promedio de 65 dólares por barril, Chubut obtiene un margen de utilidad de apenas 2,6 dólares, mientras que Santa Cruz enfrenta una pérdida de 2,1 dólares por unidad producida.
La situación se agrava si el precio del crudo baja a 60 dólares, escenario que deja a ambas provincias con saldos negativos. En ese contexto, Chubut pierde 40 centavos por barril y Santa Cruz sufre una pérdida de 5 dólares, lo que lleva a una rentabilidad neta de -8,6%. Esta diferencia se explica por mayores costos operativos (OPEX) y de capital (CAPEX) en los yacimientos santacruceños, que hacen inviable su operación sin incentivos externos.
Entre 2009 y 2025, la producción cayó un 51% en las cuencas convencionales, siendo Santa Cruz la más afectada, con un descenso de casi el 50% en los últimos cinco años. Mientras Chubut logró sostener cierta actividad hasta 2020, ambas provincias vieron desplomarse sus niveles de producción desde la pandemia en adelante, reflejo de una tendencia que pone en riesgo miles de empleos y recursos fiscales clave.
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El informe remarca la urgente necesidad de aplicar estímulos fiscales desde Nación para revertir esta caída. Si bien algunas medidas provinciales han intentado contener la crisis, los operadores petroleros advierten que la rentabilidad actual no justifica inversiones significativas en exploración ni mantenimiento de infraestructura en yacimientos envejecidos.
La falta de incentivos adecuados también repercute en la pérdida de puestos de trabajo, desvinculaciones silenciosas y un horizonte incierto para las economías regionales. Gremios del sector exigen una “mesa de paz social” para buscar soluciones integrales que incluyan previsibilidad, reducción de cargas impositivas y mecanismos de promoción para mantener el flujo de inversión.
Sin una política energética integral que contemple la particularidad de las cuencas maduras, el país podría ver agravada su dependencia de otras regiones productoras y perder capacidad de autoabastecimiento en el mediano plazo. El desafío no es sólo económico, sino también estratégico para la seguridad energética nacional.
Nota elaborada con información de ADN SUR.


