En el corazón del archipiélago de Chiloé, la Cueva de Quicaví (Kikaví) se consolida como uno de los sitios más enigmáticos del sur de Chile. Allí, historia, mitología y paisaje se entrelazan en un recorrido turístico que invita a conocer el legado de los brujos chilotes y de la mítica Recta Provincia, una organización que marcó profundamente la identidad cultural local.
Jorge Ñancuante, prestador turístico del mar interior, es uno de los referentes que mantiene viva esta tradición a través de visitas guiadas. “Bienvenido a la capital de las brujerías en Chiloé. Sí es posible convivir con esta energía, siempre tratando estos temas con respeto”, explicó, al presentar el circuito que culmina en la playa donde se encuentra la histórica cueva.
Durante el recorrido, que dura aproximadamente una hora, los visitantes conocen pasadizos y accesos utilizados por los brujos. “Se pueden ver entradas que fueron ocupadas como pasadizos que llegaban a su escondite principal, un misterio donde estaría la ‘casa grande’”, relató Ñancuante, reforzando el aura de secreto que rodea al lugar.
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La propuesta también recupera la historia de la Recta Provincia, una organización que funcionó hasta fines del siglo XIX. “Fue como un estado dentro de otro estado; los brujos no podían hacer nada sin la autorización de esta organización, donde había cargos como reyes, y Kinki Kabi era uno de los principales”, señaló el guía, recordando que sus integrantes fueron procesados entre 1880 y 1881 por el Estado chileno.
El recorrido incorpora además figuras centrales de la mitología chilota. Personajes como el Trauco, la Pincoya, el Imbunche y la Fiura cobran vida a través de los relatos. “El Imbunche era el guardián de la cueva, una figura deformada que muy pocas veces se dejaba ver”, explicó Ñancuante, mientras que la Fiura es presentada como un ser protector dentro del imaginario popular.
Más allá del misterio, la experiencia propone un acercamiento respetuoso al conocimiento ancestral. “Hoy se encuentran curanderos y personas que saben usar hierbas, saberes que sobrevivieron pese a la evangelización y a la pérdida de la lengua originaria”, reflexionó Ñancuante. El paseo, que se ofrece todo el año en temporada alta, se posiciona así como una puerta de entrada para descubrir la historia profunda y la identidad cultural de Chiloé.




