Una historia de amor inesperada emocionó a la comunidad de San Martín, Mendoza: Gloria y Enrique, ambos jubilados, se casaron este sábado luego de conocerse en la fila del banco donde cobraban sus haberes. Durante un año sólo se cruzaban una vez al mes, hasta que él comenzó a guardar su número para entregárselo cuando llegaba tarde. Ese gesto marcó el inicio del vínculo que hoy coronaron con una celebración rodeada de afectos.
Con el paso del tiempo, la amistad entre ambos se transformó en compañía diaria. Primero vivieron en casas separadas, pero la necesidad de cuidarse mutuamente y compartir la rutina los llevó a convivir. Gloria, viuda, con hijos, nietos y bisnietos, asegura que encontró nuevamente la felicidad. Enrique, quien permaneció soltero toda su vida, afirma con humor que “no se casó antes porque no la encontró”.
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La pareja decidió formalizar la unión por respeto y compromiso, valores que Gloria destaca haber aprendido en su crianza rural. Aunque deseaba casarse por Iglesia, aceptó la decisión de Enrique de realizar sólo la ceremonia civil. “Yo lo acompaño en todo. Ahora que él es sordo, soy sus oídos”, expresó emocionada.
Ambos trabajaron intensamente durante décadas: él como técnico mecánico en YPF y ella en tareas rurales, en La Campagnola y como cuidadora. Tras vidas marcadas por el esfuerzo, hoy aseguran que el amor y la compañía les devolvieron la alegría y la plenitud en la etapa jubilatoria.
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La fiesta se realizó en la casa familiar de Enrique, en una histórica manzana cercana a la estación ferroviaria. Con hijos, nietos, bisnietos, sobrinas y amigos, celebraron el matrimonio al ritmo del baile que Gloria impulsó. “Le enseñé a ser feliz”, repite ella, mientras comparte una historia que demuestra que nunca es tarde para volver a amar.
Fuente: Los Andes.


