El trabajo documental fue desarrollado por la directora peruana Carla Gutiérrez, quien recupera la historia de una de las grandes figuras del siglo XX a través de sus propias palabras, pero en un tono de intimidad, no de narrativa autobiográfica.
«Teníamos mucho material sobre sus sentimientos, sus emociones y también de sus reacciones a lo que estaba viendo en el mundo. Y entonces eso fue para nosotros una guía», resaltó Gutiérrez a la agencia de noticias AFP.
La pintora surrealista, fallecida en 1954 a los 47 años, vivió marcada por un accidente que castigó su cuerpo por años y su estilo contestatario fue caracterizado en películas, libros y documentales, mientras que su estética copa objetos de los más diversos, desde tazas, remeras o cuadros.
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Pero Gutiérrez, quien aseguró haberse enamorado de su obra cuando era joven, sintió que faltaba traer a la pantalla grande sus palabras.
«Hace un par de años comencé a pensar en su historia de nuevo y comencé a ver el material que existía de su propia voz. Y descubrí que ella podía contar la gran parte de su historia», dijo la realizadora.
El documental sigue un orden cronológico, comenzando por la niñez de la artista en su natal barrio de Coyoacán, en Ciudad de México, junto a un padre fotógrafo y una madre conservadora, seguido por su adolescencia rebelde cuando de joven se vestía como un chico.
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Poco después, tuvo un accidente de tránsito que le generó fracturas serias en todo el cuerpo y la expuso a meses de experimentos médicos y a una vida marcada por el dolor y el uso de corsés.
El filme también aborda su encuentro con Diego Rivera, el popular pintor muralista que se convirtió en su fascinación y tormento, pasando por sus posiciones políticas, amores y frustraciones.
Para la directora, el tema principal de la película es el de «una mujer que no quiere contener su voz».
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«Queríamos hacer esa conexión entre su arte y su experiencia de vida» e «inyectar a la película la textura de su voz, la textura de esos sentimientos», resaltó Gutiérrez.
Aunque ya estaba familiarizada con la obra de Frida, la directora se manifestó gratamente sorprendida con su sarcasmo en esta nueva lectura profesional, así como con su fragilidad: «sabía que tenía sentido del humor, pero lo que no sabía eran las palabras que utilizaba para expresar ese sarcasmo que tenía».
Así reaparece, también en primera persona, su vulnerabilidad y el hecho de que «no tenía respuestas para todo», agregó.
FUENTE: TÉLAM.


