Con el objetivo de aportar datos objetivos a un debate histórico, se realizó el taller “Huella ecológica de la pesca de arrastre de fondo en la plataforma argentina”, en las instalaciones de CCT CONICET-CENPAT, a lo largo de dos jornadas.
La iniciativa se enmarca en el proyecto “Impacto ecológico de la pesca de arrastre de fondo: estimación de la huella de arrastre de las flotas que operan en la plataforma argentina”, liderado por Ana Parma y Ricardo Amoroso, y cuenta con el respaldo de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura de la Nación. Este trabajo busca cuantificar el impacto de la pesca de arrastre sobre los fondos marinos, combinando ciencia, cestión y formación de capacidades.
“Es un proyectó que financió el Concejo Federal Pesquero, nosotros hace ya varios años que estamos trabajando en analizar los datos de seguimiento satelital de la flota pesquera en la plataforma argentina para tratar de estimar lo que se llama la huella de arrastre”, señalo Ana Parma, investigadora del Cenpat -Conicet.
El objetivo de este proyecto es determinar el impacto del arrastre sobre las comunidades del fondo. “El arrastre es un arte de pesca muy controversial y nosotros estamos convencidos que la ciencia tiene mucho para aportar” indicó Parma.
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El encuentro reúne a científicos, funcionarios, representantes del INIDEP, del Servicio de Hidrografía Naval, empresarios, capitanes y otros actores clave del sector pesquero. La discusión se centra en preguntas como: ¿Qué información puede aportar la ciencia? ¿Cuál es el impacto del arrastre en las comunidades del fondo? ¿Qué implicaciones tiene interpretar los datos de una u otra manera?
La investigadora del CESIMAR planteó la necesidad de poder “medir con indicadores lo más objetivos posible y los más basados en la mejor información disponible para tratar de ver que porcentaje de la plataforma de la Arentina está siendo afectada por este arte, con que frecuencia, con que intensidad” y añadió “más adelante en el futuro tratar de ver cual ha sido el impacto sobre las comunidades bentónicas, que viven asociadas al lecho del mar”.
El proyecto utiliza casi dos décadas de datos satelitales (VMS) y algoritmos de análisis para estimar la huella de arrastre en la plataforma argentina. Según estimaciones anteriores, alrededor del 18% de la plataforma hasta los 1.000 metros de profundidad había sido arrastrada al menos una vez entre 2008 y 2010, concentrándose en zonas de langostino y merluza.
Parma destacó “hemos logrado analizar los datos de intensidad de pesca desde el año 2.005 hasta el 2.024, con información reciente” y explicó “el sentido del taller es difundir y que los algoritmos y los programas que hemos desarrollado como parte del proyecto de investigación, puedan estar disponibles para las distintas instituciones”.
De la investigación se desprende que se han disminuido los días de pesca de arrastre, asociados a cambios en el manejo, crecimiento explosivo de la pesquería del langostino, y redireccionamiento hacia esta especie, en vez de la pesquería de merluza.
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“Argentina se sitúa más o menos en el medio, si miramos todas las regiones, que hemos podido analizar a nivel internacional, tiene una intensidad de pesca grande pero tiene un status -por lo que tenemos hasta ahora- bueno, por encima del 80% de lo que sería una situación no turbada” estimo la investigadora.
Para los investigadores, medir la huella de arrastre es también “leer” el fondo del mar y trabajar de manera articulada con los distintos actores que hacen a la actividad pesquera.
“Tenemos que entender la operatoria, porque nosotros tenemos que partir de los datos que vienen del monitoreo satelital -que es un punto con una velocidad- a combinarlo con los datos de los partes de pesca”, que implica trabajar con los capitanes, armadores, para tratar de entender la dinámica de la pesca en cada embarcación, “para tratar de traducir esos datos de monitoreo satelital a un dato de impacto sobre el fondo” sostuvo Parma.
La iniciativa conecta a Argentina con debates internacionales sobre economía azul y sostenibilidad marina, impulsando una gestión basada en evidencia que equilibre la producción de alimentos con la conservación de los recursos marinos.





