Tres descubrimientos científicos independientes durante 2025 modificaron la visión sobre Marte y su historia geológica y atmosférica. Evidencias de antiguos sistemas fluviales, análisis de rocas con posibles biofirmas y la detección de chispas eléctricas en su atmósfera dibujan un planeta más activo y cercano a la Tierra de lo que se creía.
Imágenes orbitales de alta resolución revelaron casi 16.000 kilómetros de antiguos cursos de agua en Noachis Terra, donde se creía que no había señales hídricas. Los ríos, algunos cortos y otros de hasta 160 kilómetros, indican que Marte tuvo lluvias o nevadas regulares hace más de 3.700 millones de años, manteniendo agua superficial en un clima más cálido y una atmósfera más densa.
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El rover Perseverance aportó otra pieza clave: la roca “Sapphire Canyon”, extraída del cráter Jezero, contenía carbono orgánico, fósforo, hierro y azufre organizados en patrones compatibles con procesos biológicos de baja temperatura. Aunque no se confirma vida, los científicos consideran estas biofirmas como la evidencia más clara hallada hasta ahora.
Por primera vez, los instrumentos de Perseverance detectaron descargas eléctricas en remolinos de polvo, un fenómeno teorizado pero nunca observado. Estas chispas generaron compuestos oxidantes capaces de alterar moléculas orgánicas y afectaron la dinámica atmosférica, ofreciendo una explicación posible para la desaparición de metano y marcando riesgos para futuras misiones.
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En conjunto, los hallazgos muestran que Marte fue un planeta con agua, química compleja y energía atmosférica sostenida, capaz de sostener ambientes habitables. Estos avances no solo redefinen su pasado, sino que plantean nuevas preguntas sobre la evolución de planetas habitables y la posibilidad de vida fuera de la Tierra.
Fuente: Infobae.


