El ejemplar fue extraído del estómago de un cachalote en los años 50 y permanecía mal catalogado. Científicos españoles confirmaron que se trata de una familia inédita.
Un equipo de investigadores del Instituto Español de Oceanografía y del ICM-CSIC ha logrado un hito biológico al identificar al Mobydickia poseidonii, bautizado popularmente como el «calamar de Poseidón». Este cefalópodo, que permaneció siete décadas en los estantes del Museo de Historia Natural de Londres bajo una clasificación errónea, ha sido reconocido como una de las diez especies marinas más extraordinarias de 2025.
El descubrimiento se produjo tras una revisión exhaustiva de las colecciones biológicas por parte de la estudiante Sam Arnold y el investigador Fernando Ángel Fernández-Álvarez. Al analizar la morfología del espécimen, los científicos notaron que sus características no encajaban con ninguna de las familias de cefalópodos descritas hasta la fecha, lo que obligó a nombrar una nueva familia por primera vez en 27 años.
El animal, que mide entre 40 y 50 centímetros, presenta rasgos fascinantes que inspiraron su nombre científico. Posee ganchos en las ventosas de sus brazos con cúspides laterales que asemejan la forma de un tridente, evocando al dios griego Poseidón. Además, su aspecto despigmentado y el hecho de haber sido hallado en el sistema digestivo de un cachalote remiten inevitablemente a la mítica ballena blanca de la novela Moby Dick.
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Este hallazgo subraya la importancia crítica de los museos y las colecciones biológicas como reservorios de la biodiversidad global. Según los expertos, el hecho de que un único ejemplar preservado haya permitido describir una familia totalmente nueva demuestra cuánto territorio inexplorado permanece aún en las profundidades del océano, lejos del alcance de la observación directa.
La historia del «calamar de Poseidón» es un recordatorio del valor de la conservación. El animal fue recolectado durante una campaña de caza ballenera hace 70 años, una práctica que hoy la humanidad ha dejado atrás por respeto a los cetáceos. Sin embargo, gracias a que aquel espécimen fue guardado y mantenido en condiciones adecuadas, la ciencia actual pudo finalmente desentrañar su identidad.
El Registro Mundial de Especies Marinas (WoRMS) ha catapultado este descubrimiento a su lista de honor anual, destacando la excepcionalidad de encontrar una familia de calamares oceánicos a estas alturas del siglo XXI. Mientras la tecnología permite captar imágenes de otras especies extrañas en prospecciones petrolíferas, este calamar esperó pacientemente en un frasco de vidrio para revolucionar la biología marina.
Con información de DW.


